jueves, 20 de septiembre de 2012
Escuché
Escuché, desde la cama de mis padres, mientras que mi mente se enfrascaba en uno de mis muchos libros, como mi madre le decía a mi padre que quería morir joven; que esperaba hacerlo para no tener que hacernos cargar luego con el peso de cuidarla o elegir cuando no queríamos que este en nuestra casa.
Cuando escuché eso mi corazón se volvió a astillar. Escuché a mi papa suspirar desde la cocina, un silencio incomodo seguido por mis pensamientos. Desde “¿cómo no podes decir algo?” a “¿cómo te atrevés a decir eso?” . Ruidos ensordecedores se escuchan, cubiertos siendo golpeados, vasos chocando contra la mesa; intentos de acallar las lagrimas que se muy bien que recorren sus mejillas, intentos de amortiguar las angustias, y furia que siente por dentro al no ser comprendida, ni apoyada por la persona que ama. O por la persona que una vez amo. Él se fue a dormir, esperando que la discusión que tuvieron se olvidara; y lo será seguramente, pero parte de ella quedara todavía como un recuerdo amargo de lo que tienen y de lo que se perdió en el medio.
Mientras que me cepillo los dientes, me imagino a mi misma, de mil formas, consolando a mi madre; abrazándola, diciéndole que todo va a estar bien, que puede contar conmigo en lo que quiera. Me imagino sus lágrimas cayendo y mi corazón astillándose de nuevo. Sin embargo, me voy directo a la cama, me siento en ella y sigo enfrascada en el libro que estaba leyendo.
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