¿Que hacer, que sentir, que decir?
Todo termina en la monotonía.
Que necesidad hay de hablar,
Si de todas formas no vas a ser escuchado.
Que necesidad hay de gritar,
Si nadie va a venir a salvarte.
Que necesidad hay de pensar,
Si no tenes como expresar tus pensamientos.
Que necesidad hay de sentir,
Si no hay nadie a quien puedas manifestarles tus sentimientos.
Que necesidad hay de llorar,
Si nadie te quiere consolar.
Que necesidad hay de reír,
Si nadie quiere ver tu sonrisa.
Que necesidad hay de convivir,
Si nadie esta alrededor tuyo.
Que necesidad hay de ser vos misma,
Si nadie te acepta como sos.
Que necesidad hay de amar,
Si nadie te quiere.
sábado, 17 de marzo de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
Conversaciones de Amor
Voz 1:
Vi, ante mis ojos, como el amor aparece y desaparece según su capricho. Vi sufrir a mi amiga y hermana, la agonía que causa el amor cuando este empieza a desaparecer, o simplemente finge hacerlo y luego reaparece para que vuelvas a esperanzarte; te eleva y cuando estas por encima de todo, te deja caer. Y como dicen, mientras más alto, más fuerte es la caída. ¿Alguien me puede culpar por no querer enamorarme? ¿Realmente me podrían criticar por no querer tener amor en mi vida, sabiendo luego, y de antemano, lo que me haría sufrir? Se que el amor te da amor, pasión y alegrías, pero ¿vale la pena? Te da amor realmente o simplemente te engaña lo suficiente como para sentirlo.
A pesar de que las personas necesitan aferrase a alguien, sentirse cuidados o queridos, a pesar de que me encontraré sola, prefiero estarlo a permitir que alguien me rompa el corazón.
Voz 2:
Como pude haberte yo herido, alma gemela, no entiendo, se me parte el corazón. Hay amor, que se desespera, nos hace daño. Como puedo no herirte corazón. El verdadero amor perdona, no abandona, no se quiebra, no aprisiona. No revienta como pompas de jabón, solo se desintegra si no amas corazón. Tus amigos hablan mal de mi y tu cerebro no tiene mejor opinión, pero te prometo princesa que si confías en mi, tu corazón jamás será herido. Lo guardaré en una caja de cristal junto al mío para que si sale lastimado, el mío sufra también.
Voz 1:
Lo siento, pero no. Por mas que te amara, no pondría mi corazón en peligro, y menos al tuyo. Me pides que te confíe al único objeto que se que me podría destruir, y tu no confías el tuyo a mis manos. Dices que cuidaras del mío, pero a su vez no dejas que nadie toque tu corazón. Me pides confianza cuando tú no la tienes. Yo no confío en nadie, ¿cómo podría? Terminaría lastimada. Prefiero vivir en la desconfianza y no con ella y la decepción guiando sus pasos.
Voz 2:
No interesa. Si lo quieres amor, tómalo. Mi corazón es tuyo. Sin él tu lado, no vale nada. Estaría mejor muerto, que una eternidad alejado de ti.
Vi, ante mis ojos, como el amor aparece y desaparece según su capricho. Vi sufrir a mi amiga y hermana, la agonía que causa el amor cuando este empieza a desaparecer, o simplemente finge hacerlo y luego reaparece para que vuelvas a esperanzarte; te eleva y cuando estas por encima de todo, te deja caer. Y como dicen, mientras más alto, más fuerte es la caída. ¿Alguien me puede culpar por no querer enamorarme? ¿Realmente me podrían criticar por no querer tener amor en mi vida, sabiendo luego, y de antemano, lo que me haría sufrir? Se que el amor te da amor, pasión y alegrías, pero ¿vale la pena? Te da amor realmente o simplemente te engaña lo suficiente como para sentirlo.
A pesar de que las personas necesitan aferrase a alguien, sentirse cuidados o queridos, a pesar de que me encontraré sola, prefiero estarlo a permitir que alguien me rompa el corazón.
Voz 2:
Como pude haberte yo herido, alma gemela, no entiendo, se me parte el corazón. Hay amor, que se desespera, nos hace daño. Como puedo no herirte corazón. El verdadero amor perdona, no abandona, no se quiebra, no aprisiona. No revienta como pompas de jabón, solo se desintegra si no amas corazón. Tus amigos hablan mal de mi y tu cerebro no tiene mejor opinión, pero te prometo princesa que si confías en mi, tu corazón jamás será herido. Lo guardaré en una caja de cristal junto al mío para que si sale lastimado, el mío sufra también.
Voz 1:
Lo siento, pero no. Por mas que te amara, no pondría mi corazón en peligro, y menos al tuyo. Me pides que te confíe al único objeto que se que me podría destruir, y tu no confías el tuyo a mis manos. Dices que cuidaras del mío, pero a su vez no dejas que nadie toque tu corazón. Me pides confianza cuando tú no la tienes. Yo no confío en nadie, ¿cómo podría? Terminaría lastimada. Prefiero vivir en la desconfianza y no con ella y la decepción guiando sus pasos.
Voz 2:
No interesa. Si lo quieres amor, tómalo. Mi corazón es tuyo. Sin él tu lado, no vale nada. Estaría mejor muerto, que una eternidad alejado de ti.
domingo, 4 de marzo de 2012
Pesadilla
Recuerdo el momento en el que exactamente supe que algo malo pasaba. Mis vacaciones habían comenzado y junto con ellas, los viajes en familia a la costa. La casa de alquiler se encontraba aislada, escondida en la profundidad de un bosque de árboles dormidos por el inminente invierno que nos acechaba. Los suelos de madera crujían ante la menor presión realizada en ellos. Las puertas chirriaban al igual que las ventanas envejecidas por el paso del tiempo. La casa en si fue la causante de la primer pesadilla que tuve el día que llegué. El deje gótico, mas el escalofriante silencio que salía de cada una de sus puertas, eran suficiente para mantenerme despierta durante horas, hasta que las primeras luces del amanecer salían y, al iluminarse mi alrededor, las sombras fantasmales que me perseguían por la noche desaparecían permitiéndome al fin, descansar en paz y tranquilidad. Eso pensarían ustedes, pero de todas formas, seguía soñando pesadillas; niños gritando, marea negra y roja cubriendo mi alrededor, rostros que en si no significaban nada, pero unidos, eran las peores imágenes que podría soportar.
Y todo ello, en una sola noche, la primera.
Cuando me desperté luego de esa interminable maratón de terror, obvie los sentimientos de miedo que sentía. Intenté analizar los hechos de mi sueño, pero me di cuenta de que no recordaba nada. Persistía en mí ese pánico incontrolable de la pesadilla, pero no sabia el qué había causado ello. No recordaba nada, absolutamente nada.
Decidí continuar con mi día, olvidarme del sueño, pero a medida que se acercaba la noche, la ansiedad y el miedo me cubrían. No quería dormir, no quería acercarme a ese enorme lecho en el que yacería y volvería a perderme en mi pesadilla. Mi madre me vio; le conté que no podía dormir, y me dio una pastilla que ella solía tomar cuando tenía problemas para hacerlo. Le agradecí, presintiendo que al fin tendría una noche de paz.
Me encaminé a la habitación, mi hermana menor siguiéndome, arrastrando su pequeño peluche, frotándose los ojos del cansancio. Solo tenía 8, pero yo quería que siguiera siendo mi bebé. La coloqué en su cama y, como todas las noches, la cobijé, arrullándola y dándole un beso en la frente. Sus ojos se cerraron inmediatamente.
Miré mi cama, ceñuda, intentando de quitarme de encima el horrible presentimiento de que algo pasaría. Recostando mi cabeza en la almohada, fui sintiendo como el medicamento comenzaba a surtir efecto. Y, al mismo tiempo que me daba cuenta de ello, comenzó la sensación de pánico incontrolable que hacia que mi cuerpo temblara. Ahí fue cuando me di cuenta de que una vez que cerrara los ojos nunca mas los volvería a abrir. Ese sería mi final.
La pesadilla comenzó como una historia en blanco y negro, aquella de la que al principio piensas que realmente estas despierto pero a medida que se va desarrollando sabes que es un sueño, pero por mas que quieras nunca te puedes levantar.
Al principio, todo era tranquilidad, únicamente se escuchaba el susurro del viento que provenía de las ventanas abiertas de la habitación, luego comenzaron los pequeños susurros, provenientes de una esquina del cuarto; aquella esquina, en donde ni siquiera los rayos mas intrépidos de la luna se atrevían a explorar.
Mis ojos se enfocaron en aquellas sombras, en donde únicamente puede distinguir una silueta oscura, abrazándose, en posición fetal. A medida que me levantaba de la cama, las piernas me empezaron a flaquear. Sabia que debía alejarme de esa esquina, pero no podía, por mas que mi cerebro le diera las órdenes a mi cuerpo, mis piernas seguían moviéndose en dirección a esa masa que chillaba, gimoteaba y gritaba; todo en un mismo sonido. Me fui acercando cada vez mas y mas, mi corazón retumbaba en mis oídos, la sangre comenzaba a desaparecer de mi rostro a medida que lograba ver con mayor claridad qué era lo que se encontraba escondido en ese lugar.
Cuando termine de cruzar toda la habitación, sorteando la pequeña cama de mi hermana, extendí el brazo, intentando palpar algo. Agudicé los oídos cuando caí en la cuenta que la criatura que estaba escondida, dejaba de emitir esos sonidos. De repente una mano esquelética, pequeña, y al rojo vivo, agarró mi muñeca atrapándome en un agarre mortal. Un grito de puro terror escapó de mis labios. Comencé a forcejar para alejarme, pero la mano iba ganando mas y mas terreno a través de mi brazo; al principio comenzó sujetándome de los dedos, luego del codo, dirigiéndose a mi hombro. Fui tirando hacia tras, queriéndome alejar, pero a medida que me alejaba la criatura iba abriéndose camino, todavía aferrada a mi cuerpo, arrastrándose por el piso. La mano sangrienta quedo mas a la vista, revelando a su vez un brazo roto, lleno de quemaduras, unos hombros escuálidos, y una cabeza calva. Cuando miró para arriba, sus ojos se encontraron conmigo. Pestañee, confundida ante la imagen que se me presentaba. Esa pequeña cosa que no me soltaba era yo. Las magulladuras y la piel despellejada habían desaparecido, dejando paso a una mini yo, a la edad de los 9 años. Seguía aferrada a mi cuerpo, arrastrándose aun mas, hasta lograr que sus manos rodearan mi cuello. Irguió su cabeza, acercando su boca a mi oído
- Corre – me dijo, un grito escalofriante salio de su-mi boca..
Me levanté sobresaltada de la cama, únicamente escuchando los sonidos de mi corazón acelerado. ¿Qué había sido eso?. Me toqué la cabeza intentando aliviar de esa forma el fuerte dolor que sentía. Cuando baje la mano me di cuenta de que algo andaba mal. Tenia rajuños por toda ella, y algunas uñas ya no estaban mas en su lugar. Sin embargo no me dolía, solamente me molestaba como una sensación de picazón que no me podía sacar de encima. Un hormigueó se extendió por mi cuerpo. En eso me fijé, en la cama de al lado. Mi hermana se levantó lentamente, simplemente sentándose en la cama, como cuando estaba sonámbula. Nuestras camas estaban enfrentadas, por eso pude notar los leves movimientos de cabeza que hacia; girándola primero para la derecha y luego para la izquierda, sin embargo era casi imperceptibles. Sus labios se movían, emitiendo palabras sin sentido, sin significado alguno. No lograba verle los ojos, y tampoco estaba muy segura de si quería hacerlo. Vi, de repente como su cabeza se tiraba para atrás, sus ojos enfocando al techo, lanzando una sonrisa estridente. Una tras otra las sonrisas continuaron, pero a medida que comenzaba a bajar la cabeza las sonrisas se volvían gritos; profundos y roncos, como si todos los presos del infierno se hubiesen concentrado en ella y lanza sus suplicas de salvación.
Sus ojos se enfocaron en mi rostro; eran rojos, como si todas las venas que poseían hubiesen explotado, lanzando toda su sangre en ellos. Sus labios se volvieron a mover y en ese momento entendí lo que querían decir.
- Ayúdame-
Salté de la cama dirigiéndome en su dirección, pero a mitad del camino me detuve. Su rostro comenzó a desfigurarse, adquiriendo una mueca oscura y una risita se dibujo en sus labios. Su cabeza giró en un grado antinatural, hacia atrás. Su cuerpo se dobló sobre la cama, quedando en cuatro patas. Se tiró al piso y comenzó a caminar en mi dirección. Salté hacia atrás, intentando poner distancia entre nosotras. La risa histérica la llenó comenzando a chasquear los dientes en mi dirección. Caí hacia atrás, golpeándome la cabeza contra el filo de mi cama.
Lo último que recuerdo, es como la pequeña cara de mi hermana se colocaba frente a la mía, y cuando la inconciencia me llegó, oír el profundo sonido de carne siendo desgarrada. Allí fue cuando mi dolor comenzó, y termino únicamente cuando todos los huesos de mi cuerpo fueron rotos, las piel arrancada y mi carne masticada por esa cosa que era mi pequeña. Mis ojos, uñas, pelo; casi todas las partes de mi cuerpo fueron arrancadas, escuchando únicamente la sonrisa desquiciada de la criatura, mofándose de mi dolor y de mi entupida pesadilla, de la cual nunca lograría despertar.
Y todo ello, en una sola noche, la primera.
Cuando me desperté luego de esa interminable maratón de terror, obvie los sentimientos de miedo que sentía. Intenté analizar los hechos de mi sueño, pero me di cuenta de que no recordaba nada. Persistía en mí ese pánico incontrolable de la pesadilla, pero no sabia el qué había causado ello. No recordaba nada, absolutamente nada.
Decidí continuar con mi día, olvidarme del sueño, pero a medida que se acercaba la noche, la ansiedad y el miedo me cubrían. No quería dormir, no quería acercarme a ese enorme lecho en el que yacería y volvería a perderme en mi pesadilla. Mi madre me vio; le conté que no podía dormir, y me dio una pastilla que ella solía tomar cuando tenía problemas para hacerlo. Le agradecí, presintiendo que al fin tendría una noche de paz.
Me encaminé a la habitación, mi hermana menor siguiéndome, arrastrando su pequeño peluche, frotándose los ojos del cansancio. Solo tenía 8, pero yo quería que siguiera siendo mi bebé. La coloqué en su cama y, como todas las noches, la cobijé, arrullándola y dándole un beso en la frente. Sus ojos se cerraron inmediatamente.
Miré mi cama, ceñuda, intentando de quitarme de encima el horrible presentimiento de que algo pasaría. Recostando mi cabeza en la almohada, fui sintiendo como el medicamento comenzaba a surtir efecto. Y, al mismo tiempo que me daba cuenta de ello, comenzó la sensación de pánico incontrolable que hacia que mi cuerpo temblara. Ahí fue cuando me di cuenta de que una vez que cerrara los ojos nunca mas los volvería a abrir. Ese sería mi final.
La pesadilla comenzó como una historia en blanco y negro, aquella de la que al principio piensas que realmente estas despierto pero a medida que se va desarrollando sabes que es un sueño, pero por mas que quieras nunca te puedes levantar.
Al principio, todo era tranquilidad, únicamente se escuchaba el susurro del viento que provenía de las ventanas abiertas de la habitación, luego comenzaron los pequeños susurros, provenientes de una esquina del cuarto; aquella esquina, en donde ni siquiera los rayos mas intrépidos de la luna se atrevían a explorar.
Mis ojos se enfocaron en aquellas sombras, en donde únicamente puede distinguir una silueta oscura, abrazándose, en posición fetal. A medida que me levantaba de la cama, las piernas me empezaron a flaquear. Sabia que debía alejarme de esa esquina, pero no podía, por mas que mi cerebro le diera las órdenes a mi cuerpo, mis piernas seguían moviéndose en dirección a esa masa que chillaba, gimoteaba y gritaba; todo en un mismo sonido. Me fui acercando cada vez mas y mas, mi corazón retumbaba en mis oídos, la sangre comenzaba a desaparecer de mi rostro a medida que lograba ver con mayor claridad qué era lo que se encontraba escondido en ese lugar.
Cuando termine de cruzar toda la habitación, sorteando la pequeña cama de mi hermana, extendí el brazo, intentando palpar algo. Agudicé los oídos cuando caí en la cuenta que la criatura que estaba escondida, dejaba de emitir esos sonidos. De repente una mano esquelética, pequeña, y al rojo vivo, agarró mi muñeca atrapándome en un agarre mortal. Un grito de puro terror escapó de mis labios. Comencé a forcejar para alejarme, pero la mano iba ganando mas y mas terreno a través de mi brazo; al principio comenzó sujetándome de los dedos, luego del codo, dirigiéndose a mi hombro. Fui tirando hacia tras, queriéndome alejar, pero a medida que me alejaba la criatura iba abriéndose camino, todavía aferrada a mi cuerpo, arrastrándose por el piso. La mano sangrienta quedo mas a la vista, revelando a su vez un brazo roto, lleno de quemaduras, unos hombros escuálidos, y una cabeza calva. Cuando miró para arriba, sus ojos se encontraron conmigo. Pestañee, confundida ante la imagen que se me presentaba. Esa pequeña cosa que no me soltaba era yo. Las magulladuras y la piel despellejada habían desaparecido, dejando paso a una mini yo, a la edad de los 9 años. Seguía aferrada a mi cuerpo, arrastrándose aun mas, hasta lograr que sus manos rodearan mi cuello. Irguió su cabeza, acercando su boca a mi oído
- Corre – me dijo, un grito escalofriante salio de su-mi boca..
Me levanté sobresaltada de la cama, únicamente escuchando los sonidos de mi corazón acelerado. ¿Qué había sido eso?. Me toqué la cabeza intentando aliviar de esa forma el fuerte dolor que sentía. Cuando baje la mano me di cuenta de que algo andaba mal. Tenia rajuños por toda ella, y algunas uñas ya no estaban mas en su lugar. Sin embargo no me dolía, solamente me molestaba como una sensación de picazón que no me podía sacar de encima. Un hormigueó se extendió por mi cuerpo. En eso me fijé, en la cama de al lado. Mi hermana se levantó lentamente, simplemente sentándose en la cama, como cuando estaba sonámbula. Nuestras camas estaban enfrentadas, por eso pude notar los leves movimientos de cabeza que hacia; girándola primero para la derecha y luego para la izquierda, sin embargo era casi imperceptibles. Sus labios se movían, emitiendo palabras sin sentido, sin significado alguno. No lograba verle los ojos, y tampoco estaba muy segura de si quería hacerlo. Vi, de repente como su cabeza se tiraba para atrás, sus ojos enfocando al techo, lanzando una sonrisa estridente. Una tras otra las sonrisas continuaron, pero a medida que comenzaba a bajar la cabeza las sonrisas se volvían gritos; profundos y roncos, como si todos los presos del infierno se hubiesen concentrado en ella y lanza sus suplicas de salvación.
Sus ojos se enfocaron en mi rostro; eran rojos, como si todas las venas que poseían hubiesen explotado, lanzando toda su sangre en ellos. Sus labios se volvieron a mover y en ese momento entendí lo que querían decir.
- Ayúdame-
Salté de la cama dirigiéndome en su dirección, pero a mitad del camino me detuve. Su rostro comenzó a desfigurarse, adquiriendo una mueca oscura y una risita se dibujo en sus labios. Su cabeza giró en un grado antinatural, hacia atrás. Su cuerpo se dobló sobre la cama, quedando en cuatro patas. Se tiró al piso y comenzó a caminar en mi dirección. Salté hacia atrás, intentando poner distancia entre nosotras. La risa histérica la llenó comenzando a chasquear los dientes en mi dirección. Caí hacia atrás, golpeándome la cabeza contra el filo de mi cama.
Lo último que recuerdo, es como la pequeña cara de mi hermana se colocaba frente a la mía, y cuando la inconciencia me llegó, oír el profundo sonido de carne siendo desgarrada. Allí fue cuando mi dolor comenzó, y termino únicamente cuando todos los huesos de mi cuerpo fueron rotos, las piel arrancada y mi carne masticada por esa cosa que era mi pequeña. Mis ojos, uñas, pelo; casi todas las partes de mi cuerpo fueron arrancadas, escuchando únicamente la sonrisa desquiciada de la criatura, mofándose de mi dolor y de mi entupida pesadilla, de la cual nunca lograría despertar.
Obsidian de Jennifer L. Armintrout

Primer libro de la saga Lux
Empezar de nuevo apesta.
Cuando nos mudamos a West Virginia justo antes del último curso, ya me había resignado al acento raro, a tener mala conexión a Internet y a aburrirme como una ostra… hasta que vi al sexy de mi vecino, tan alto y con unos ojos verdes impresionantes. Las cosas parecen ir mejorando.
Y entonces él abrió la boca.
Daemon es insufrible. Arrogante, desquiciante. No nos llevamos nada bien. Nada, nada bien. Pero cuando un desconocido me atacó y Daemon congeló el tiempo, literalmente, con solo mover la mano… bueno, sucedió algo… inesperado.
El alienígena sexy que vive al lado me marcó.
Sí, han oído bien. Alienígena. Resulta que Daemon y su hermana tienen una galaxia entera de enemigos que quieren robar sus habilidades, y el contacto de Daemon ha hecho que parezca uno de esos carteles iluminados de las Vegas. El único modo de salir con vida de todo esto es mantenerme pegada a Daemon hasta que mi «luz» extraterrestre se apague.
Eso si antes no mato a Daemon, claro.
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Remembrance de Michelle Madow

Primer libro de la saga Trascend Time
La novata de preparatoria de New Hampshire, Lizzie Davenport, ha reencarnado de la Era de la Regencia en Inglaterra… pero ella todavía no lo sabe.
Entonces Drew Carmichael es transferido a la escuela de Lizzie al comienzo del año escolar y ella siente una conexión con él, casi como si lo conociera. Ella no puede parar de pensar en él, pero cuando intenta hablarle sobre los misterios detrás de sus sentimientos, él deja claro que no tiene nada que ver con ella. Alcanzarlo es aún más difícil porque ella tiene un novio, Jeremy, quien ha comenzado a regodearse después de ser elegido co-capitán del equipo de soccer universitario, y su coqueta mejor amiga Chelsea comienza a salir con Drew tan pronto este arriba. Así que, ¿por qué ella no parece conseguir sacarlo de su mente?
Incluso aunque Lizzie sabe que debería terminar con su fascinación por Drew, ambos pronto se darán cuenta de que luchar contra el destino no va a ser fácil.
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