Dicen, que cuando el alma que avita un cuerpo se esta muriendo, el mismo cuerpo comienza a sentirlo. El disfraz que cubría lo de adentro comienza a desmoronarse, viendo la llegada de lo inminente. Sufre ante la perdida que esta por suceder, sin realmente saber cual es el motivo por el que llora. El saber que uno ya no soporta la realidad en la que vive, o en la que se creía vivir.
Dicen que cuando el alma expira del cuerpo, cinco emociones relativas ocurren progresivamente. Da lugar a un hecho catastrófico, como modo de soportar el sufrimiento que uno esta por padecer.
La negacion viene en primer lugar; nos negamos a creer lo que sentimos y seguimos adelante a pesar del dolor. Nos aislamos intentando de calmarlo, pero el proceso de muerte sigue estando; solo que nos negamos a verlo. Cuando la negación termina, la ira aparece; nos desborda, nos hiere a nosotros mismos, y a los demás. Intentamos de vez en cuando recapacitar, y nos demos cuentas de nuestros actos. Pero, a pesar de todo, nuestro dolor es tan grande, que a su vez queremos que los demás sientan el infierno por el que estamos pasando. Nos enojamos con los demás, por tener suerte y no sentir el desmoronamiento que uno siente cuando se llega al fin, y nos enojamos con nosotros mismos por haber sido tan estupidos como para llegar hasta ese punto.
Le sigue la negociación. Negociamos con nuestros cuerpos, prometiendo que no volveremos a caer en el mal. Negociamos con Dios; rezando a cada segundo, intentando de enmendar todo lo que nunca hicimos. Pactamos con el Diablo. Intentamos hasta lo imposible para que la situación se revierta, cuando el final es inminente.
Luego, viene la depresion. Comenzamos a vislumbrar el por qué. Comenzamos a sentir esas pocas horas de vida que nuestras almas estan por tener. Y, al hacerlo, decaemos. Vemos la verdad con ojos nuevos; como si siempre hubiésemos estado ciegos. Lloramos como nunca lo hicimos antes, dejamos salir todas las penas todo ese dolor que siempre tuvimos tan dentro nuestro que jamás supimos que estaba alli,. Pero que cada vez que intentábamos respirar, nos ahogaba de a poco.
Por último, viene la aceptación. Ya no hay marcha atrás, ¿para que seguir lamentándose? Vemos las cosas como fueron y, en cierta forma nos alegramos de que una parte de nosotros haya podido salvarse.
Al final cuando el alma da su ultimo aliento y se pierde en el olvido, nuestro cuerpo carcomido por las vivencias, la ira, el dolor, el temor, el odio, cae. Se convierte en un cascaron vacío, sin utilidad alguna.