miércoles, 28 de diciembre de 2011
Cosas de locas
Se dice que la locura se forma a partir de la insatisfacción, de la necesidad de algo mas, de la necesidad de sentirse escuchada, entendida. Con respectivas experiencias me fui dando cuenta que si uno no habla de sus sentimientos y deja que los demás hablen con vos de los suyos, nunca, jamás te escucharan. Que buena hipocresía. Es lógico que cuando una escucha, después quiere ser escuchada, pero la triste realidad es que eso nunca ocurre. Una vez que deja a tus problemas para ti misma, así se quedarán. Jamás saldrán a flote, ni se mostraran. Jamás serán escuchados, ni gritados a todo pulmón, es decadente ver la locura conducirte a eso.
No hay opresión, resentimientos, malas opiniones. Solo silencio, nada de conflictos y, gracias a dios que eso ocurre.
La locura es un simple síntoma de inteligencia. A lo largo de la historia se demostró que los hombres y mujeres mas inteligentes del mundo, todos y cada uno de ellos estaban locos, chiflados, dementes.
A mi me gustaría estar loca, seria una buena forma de olvidar y alejarme de mi alrededor. Lo mas loco, es que creo que la locura ya me llego.
viernes, 23 de diciembre de 2011
La transformacion
metamorfo de la luna,
y sacude tu melena
bajo tu diosa.
Camina señor de los licántropos,
amo de la oscuridad,
y conviértete en lobo
sin su autorización.
Saca tus ropas y garras.
Escabúllete en el bosque,
bajo el canto de los grillos
y el baño de tu señora.
Piel color rojiza, marrón y negra
se desprende de tu cuerpo.
Y tus ojos; amarillos con rojo
iluminan tu paso a la distancia.
Canta bajo la luna
y corre imparás.
Júntate con tu manada,
Señor de los metamorfos inmortal.
martes, 20 de diciembre de 2011
Tentacion
Entonces, ¿Cómo había pasado esto? ¿Porque me había despertado con un dolor de cabeza monumental y acostada en una cama desconocida?. Aunque en cierta forma no lo era. Desperté en la cama de él. El muy bastardo me había emborrachado y aprovechado cuando no podía defenderse. La prohibida había sido manchada. Había olvidado su descendencia y su salvajería. ¿Cómo había pasado? ¿Desde cuándo alguien se había atrevido a tocarme sin su permiso? Todos sabían que el último que lo había hecho, había terminado en una caja de cartón, sin sus pelotas; las cuales estaban decorando mi habitación. Pero había sido él; mi mejor amigo. Al que había cuidado cuando nadie lo quería. Al que había dado hogar y trabajo cuando nadie más se preocupó por él. Me había traicionado; a la única que no lo pateó cuando estaba en el suelo, tendido.
Y el se había aprovechado de ella. Había estado hablándole de los chicos con los que había salido y todas las ventajes que poseían. Su furia había empezado a salir a flote. Se había levantado, he ido a por una cerveza a la cocina, mientras que yo, le seguía hablando. Cuando volvió me había bebido toda la lata, sin sospechar; como siempre hacia. Mi vista había empezado a nublarse, notaba la cabeza pesada y la ropa demasiado liviana para ser cuero. Aunque llevaba una hermosa camiseta púrpura de encaje; como dije, mi adicción. El resto ya no estaba en mi mente. Todo después de eso había desaparecido.
La puerta se abrió, soltando un leve chirrido a su paso. Una mirada precavida apareció en su rostro antes de entrar. Mal hecho; mi mano en forma de puño se proyectó hacia su mandíbula. Pero nunca chocó. Me había detenido, agarrándome de la muñeca y me impulsó contra la cama nuevamente. Mierda, su fuerza había aumentado.
-Suéltame, estúpido- le espete. Su mirada seguía siendo precavida, sin embargo su cuerpo seguía avanzando hacia mi posición.
-¿Por qué?, te conozco. Tu faceta de salvaje no me convence. ¿Cómo puedes ir por ahí, hablando de esos pequeños bebés con los que salía y esperar a quedarme tranquilo? Verte salir con esos pendejos me sacó de quicio. Ya no mas; ahora eres mía- me dijo posesionándome bajo su cuerpo.
Y la realidad del hecho me golpeó. Era cierto me había reclamado como suya. Me había amarrado a esa estúpida relación. Ya no había vuelta atrás. No había cambios ni elecciones. La salvaje al fin haba sido domada.
“Oh mierda, que jodido lío”
lunes, 19 de diciembre de 2011
Stay
I hope you’re doing fine
And if you ever wondered
I’m lonely here at night
I’m lost here in this moment
And time keeps slipping by
And if I could have just one wish
I’d have you by my side
Oh I miss you
Oh I need you
And I love you more than I did before
And today I won’t see your face
Nothing’s changed
No one can take your place
It gets harder every day
Say you love me more than you did before
And I’m sorry it’s this way
But I’m coming home
I’ll be coming home
And if you’ll ask me I will stay
I will stay
Well I tried to live without you
The tears fall from my eyes
I’m alone and I feel empty
And I’m torn apart inside
I look up at the stars
Hoping you’re doing the same
And somehow I feel closer
And I can hear you say
Oh I miss you
Oh I need you
I love you more than I did before
And today I won’t see your face
Nothing changed
No one can take your place
It gets harder every day
Say you love me more than you did before
And I’m sorry it’s this way
But I’m coming home
I’ll be coming home
And if you’ll ask me I will stay
I will stay oh I will stay
I never wanna lose you
And if I had to I would chose you
So always stay
Please always stays
You’re the one that I would on to [?]
Cause my heart would stop without you
I love you more than I did before
And today I won’t see your face
Nothing’s changed
No one can take your place
It gets harder every day
Say you love me more than you did before
And I’m sorry that it’s this way
But I’m coming home
I’ll be coming home
And if you’ll ask me I will stay
I will stay
I’ll always stay
And I love you more than I did before
And I’m sorry that it’s this way
But I’m coming home
I’ll be coming home
And if you’ll ask I will stay
I will stay
I will stay
Miley Cyrus "Stay"
jueves, 15 de diciembre de 2011
La chica sin rostro
Era uno de esos días en el que me proponía leer solamente un capitulo mas de mi novela, pero como siempre, terminaba leyendo ocho.
Sin embargo, cuando el reloj del living gritó las dos de la madrugada, tenía la sensación de que las cosas estaban fuera de lugar.
Pequeños ruidos se escuchaban por toda la casa, aunque no me malentiendan, esos ruidos son muy comunes. Lo raro de ellos es que no eran ruidos normales, como el chirrido de una rama contra la ventana, o de algún grillo solitario que todavía no había encontrado su descanso.
Estos ruidos eran oscuros, como pequeñas risas, y gimoteos al mismo tiempo, provenientes del mas oscuro agujero del infierno. Eran ruidos que te ponen la piel de gallina y te hacen desear nunca haberte quedado hasta tarde.
Miré hacia la puerta, dispuesta a esperar lo mejor e intentar sacarme de la mente esos estúpidos pensamientos.
Pero los risas-llantos nunca terminaron, solo iban en aumento. Asustada mire hacia donde mi hermana dormía, a unos centímetros míos.
Y de repente sentí que algo faltaba. Al mirar alrededor, y escuchar atentamente me di cuenta que estaba todo silencioso. Los ruidos habían desaparecido… no esperen, me equivocaba.
En vez de ruidos escuché sonidos de viscoso deslizamiento. Un movimiento, y luego nada. De vuelta otro movimiento. Era el sonido mas espeluznante que jamás haya escuchado. Demasiado aterrador para ser real. Los pasos no se detenían, al contrario, se escuchaban subiendo, hacia mi habitación.
Me dio miedo acercarme a la escalera. No quería encontrarme con nada, y me decía a mi misma que mi mente me estaba jugando una mala pasada.
Con un leve susurro llame a mi hermana, pero no me contestaba. Dormía tan profundo que a veces ni siquiera la podía despertar cuando se tenia que levantar.
Los pasos se acercaban y con eso una chirriante sonido de dientes masticando, como si estuviera desgarrando. Realmente me asusté. Si esto era una pesadilla quería despertar. Ya no era solo un pequeño miedo, era el mayor terror que jamás hube sentido.
Me tapé con la sabana hasta la cabeza, pretendiendo estar dormida. Los sonidos se hicieron cada ves mas, y mas cercanos. Quería mirar pero a la vez me aterraba el resultado. No podía quedarme quieta, las manos me temblaban al igual que las rodillas.
Algo se subió a mi cama; comenzó trepándose desde el suelo, agarrando con fuerza los bordes de la misma para poder subirse y deslizarse por en sima mío.
Un grito sofocado salio de mi garganta. La cosa que estaba en mi cama se estaba acercando y solo tenia la certeza de que no iba a salir de ésta.
Sentí manos en mis pies, si es así como las podía llamar. Solo puedo decir que en vez de manos, dos masas pulposas y esqueléticas me rodearon y tiraron de mi.
Y ahí si que grité. Fue el gritó mas agónico que salio de mi, y me seguía preguntando una y otra vez porque nadie me escuchaba y venia en mi rescate.
Comencé a removerme, agitada, pateando y arañando a esa cosa. No valió la pena. Me asió con tanta fuerza que escuché mis huesos crujir y romperse bajo su tacto. Me acuerdo haber visto que me destapaba y haber mirado su cara. Por dios, ¿Por qué tuve que hacer eso? era el dolor personificado. Todas mis pesadillas comprimidas en un solo cuerpo. Ojos desorbitados; negros y blancos, sin pestañas, sin parpados, sangre saliendo de aquellos pequeños orificios que los humanos llamamos nariz, de la boca, oidos. Colmillos, dientes rotos, negros y verdes que exudaban el olor a carne descompuesta por los años y luego.. simplemente desapareció.
Ya no estaba mas, estaba sola tendida en mi cama, cubierta por un charco de sangre. Mi propia sangre. Me desmayé.
A partir de ese día ya no me encuentro más cuerda. Son breves los momentos en donde mi lucidez vuelve, y logro recordar lo que me sucedió.
Me llevaron a un sanatorio. Dijeron que estaba defectuosa y después de ver el daño que me había hecho… bueno, era irresponsable que me dejaran suelta.
Esto lo estoy escribiendo solo cuando puedo pensar. Solo cuando mis recuerdos vuelven y logro ver una y otra ves ese rostro. Todas las noches me atormenta, me persigue queriendo terminar lo que nunca pudo. Ya no estoy segura ni en mi propio cuerpo.
Siempre llegado a la misma parte en donde me destapaba…. y veía su cara. Esa cara que no tenía rostro. Esa cara que terminó siendo mi perdición y mi pesadilla personal.
martes, 13 de diciembre de 2011
Por él
la prueba de su sabor.¿Que pasaría si hubiera mas…?
Ya no había posibilidades de olvidar, de volver a tras en el tiempo y arreglar este estúpido error. Pues era imposible. Mi alma había sucumbido a su belleza y antes de que me diera cuenta, mi corazón y cuerpo ya tenían dueño.
jueves, 8 de diciembre de 2011
La chica perfecta
la chica que no tiene vida.
La que mueve los pies y cabeza,
y nunca dice lo que piensa.
La de actos puros,
pensamientos seguros.
La que todos admiran.
La niña querida.
La chica perfecta, alto mira,
con notas excelentes,
las cuales todos aspiran.
La chica perfecta nunca imagina.
No sueña, no ríe, no tiene amigas.
La chica perfecta es la hija ideal,
nadie se preocupa por ella,
y ella si por los demás.
La chica perfecta solo sonríe,
una buena mascara siempre consigue.
La chica perfecta deja de existir.
Su perfección la arruina
por no sabes vivir.
Y, de pronto, la otra aparece.
La chica perfecta invisible se convierte.
Todo gira a su alrededor,
por ser la joven peor.
Que ironía, se podría decir,
que la chica perfecta fue desplazada al fin.
Todo ocurre por ese otro ser,
una chica imperfecta nunca deja ceder.
Testaruda, arrogante,
siempre piensa en sí,
haciendo que todos los de su alrededor
lloren por su porvenir.
Estúpida niña perfecta,
a un segundo lugar pasaste.
¿Quién lo diría?
La niña imperfecta logró reemplazarte.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Mi antiguo yo
Pero, que cosas, ¿no? Ya no lo necesito, o la inspiración no llega a mí.
Me preocupa. Si me olvido de cómo hacer para liberarme de ellos, talvez nunca pueda volver a hacerlo. Talvez, me encerraré a mi misma y luego de un par de sentimientos encontrados, simple y llanamente, explotaría.
Es frustrante. Me olvidé de todo, ya no se ni como captar las emociones de los demás, y por lo tanto, tampoco se distinguir las mías.
Me estoy perdiendo en mi misma. Soy demasiada cerrada y eso hace que la gente se aleje de mí. No me preocupo demasiado por los demás, ni en hablar con ellos. Y eso hace que nadie quiera hablar conmigo.
¿Qué haré? Mis amigas se quejan de que nunca estoy y que soy demasiado cerrada y antipática. Poco extrovertida.
De chiquita era completamente lo contrario. Quisiera volver a ser como era antes, esa forma que tenia de ser, hablar, sentir, vivir. Todo eso me fascinaba. Pero eso desapareció de mi ADN. Se borró de mi mente y mi cuerpo perdió los conocimientos que había adquirido de pequeña.
Triste.
Por favor, si alguien crea una cura para recuperar lo olvidado, dénmela.
Estoy perdiendo todo lo que tengo y lo que más me importa.
Todas y cada pequeña cosa que tenia me hacia especial y ahora estoy solo con mi mente y sin recuerdos.
Mi alma se perdió y con ella, yo misma.
martes, 8 de noviembre de 2011
Leyenda perdida
"Soledad sobre ruinas,
sangre en el trigo
rojo y amarillo,
manantial del veneno
escudo heridas,
cinco siglos igual.
Libertad sin galope,
banderas rotas
soberbia y mentiras,
medallas de oro y plata
contra esperanza,
cinco siglos igual.
En esta parte de la tierra
la historia se cayo,
como se caen las piedras
aun las que tocan el cielo.
O estan cerca del sol,
o estan cerca del sol.
Desamor desencuentro,
perdon y olvido
cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores
infancias pobres,
cinco siglos igual.
Lealtad sobre tumbas,
piedra sagrada
Dios no alcanzo a llorar,
sueño largo del mal
hijos de nadie,
cinco siglos igual.
Muerte contra la vida,
gloria de un pueblo
desaparecido.
Es comienzo, es final
leyenda perdida,
cinco siglos igual.
En esta parte de la tierra
la historia se cayo
como se caen las piedras
aun las que tocan el cielo.
O estan cerca del sol,
o estan cerca del sol.
Es tinieblas con flores,
revoluciones
y aunque muchos no estan,
nunca nadie penso
besarte los pies,
cinco siglos igual."
Mi pueblo había sido masacrado por los dioses del mar. Ellos habían levantado la furia del fuego que destellaba de sus ramas mágicas de metal. Habia llovido sobre nosotros, esas bolas de furia que eran más rápidas que las gotas de la gran madre Tierra cuando nos la regalaba para salvar nuestras cosechas. Sin embargo, estas eran malas. Dañaban todo lo que se encontraba a su paso.
Los dioses, habían surgido del mar, montados sobre monumentales monstruos de madera, saliendo del fondo del océano. Allí, donde el sol se escondía para volver a surgir al día siguiente. Habían llegado con ideas en la cabeza, conocimientos que nosotros no teníamos. Llegaron con instrumentos mágicos, irreales. No nos entendíamos; su lengua era demasiado torcida, incomprensible. La nuestra provenía de la Tierra, La Luna, El Sol y El Mar. Éramos el inicio del Todo.
Como dioses, fueron alabados y como ello, temidos. Eran venerados, pero a la vez odiados por sus poderes. Le dábamos sacrificios, regalos. Ellos solos nos miraban. Sus narices se elevaban con sentimientos de altanería, que nosotros desconocíamos. Sus vistas se alejaban; despreciándonos, aborreciendo nuestra simplicidad, nuestro sentido de unidad y familia.
Nos deseaban. Deseaban nuestra forma de vida que teníamos. Tan simple. Aquella que ellos habían olvidado y que nunca iban a poder recuperar.
Y de repente, todo explotó. La maldad que exudaban por sus poros se liberó en una onda que cubrió todo de oscuridad .La Pachamama lloraba de tristeza y agonía presagiando nuestra destrucción. Los cielos se oscurecieron y las altas cumbres temblaron de terror.
Nos superaban en número, nos obligaron a arrodillarnos y a amarlos. Nunca lo hicimos. Jamás hincamos nuestras rodillas en el suelo en son de respeto. Nos dimos cuenta de que esos seres no eran dioses, sino demonios. Por eso nos mataron, por no obedecerlos. Solo en la tumba encontrábamos tranquilidad y libertad.
Cuando los dioses calmaron al infinito, la Tierra Santa gritó. Sus hijos habían muerto a mano de invasores, descendientes suyos que habían queridos ser dios. Sus avaricias causaron la muerte de los pueblos. Sus destrucciones. Nadie jamás escuchó los sollozos, ni se recuerdan de ese momento, en donde parte de nuestra historia se oscureció, muriendo, y se vio manchada con sangre.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Anastasia
Crecí para ser reina; estudié, practiqué, dormí, viví para ello. Para ser la siguiente heredera de ese legado de maldad.
Seguía alejada del mundo y este alejado de mí. Era lo mas seguro. Yo no lo sabía. No lo quería lo suficiente, hasta que me di cuenta de la destrucción que podía causar.
Cuando llego ese día, todo se cubrió de rojo. La respiración agitada salía de mi boca, rasgándome la garganta. Yo corría, buscando algo. Se escuchaban gritos a la distancia, dolor. Sonidos desgarradores salían de la mismísima casa, como si llorara la muerte de sus hospedantes. Buscaba a mis padres. Las puertas se abrían tras mis débiles empujones de manos de 17 años de edad. Y cada habitación era lo mismo; rojo salpicaban las paredes, las sabanas, ventanas, los tapices y las alfombras. Los rugidos de los fusiles se escuchaban a la distancia y los llantos de mi hermano Alexis aun retumban en mis oídos. Mi querido Alexis no pudo sobrevivir esa noche. Los monstruos de la oscuridad que acechaban la casa Romanov le habían hecho daño, de la misma forma que me dañaron a mi.
Al final lograron encontrarme escondida en el enorme placar de roble de la habitación de mis padres. Intentaba contener los sollozos con mis manos pero de todas formas me escucharon. Me llevaron al salón, donde se encontraban todos los Romanov, o lo que quedaba de ellos. La sangre manchó mi vestido; sangre que escurría de los cuerpos de mis seres queridos. Los ojos de Alexis se fijaron en mí, a la distancia, sin mirar. Luego, apuntaron sus armas hacia mi cuerpo y yo morí……. O eso pensaron
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Almas cruzadas
Me habían secuestrado mientras estaba en el prado; alejándome de los que yo más amaba. Él, me había alejado de mi deber, cuando apareció de la nada, rodeado de fuego sobre un caballo negro, viniendo justo de las puertas del infierno. Me miro y sus ojos se cerraron en regocijo y puro reconocimiento. Me venia a buscar. Azotó la rienda de su semental y los dirigió en mi dirección. Jamás alejó sus ojos de mi rostro, paralizándome. Esos inmensos pozos de dolor me perseguían, me absorbían. Su cabello azabache se agitaba mientras el caballo galopeaba. Me sonrío y, en ese momento entendí que la distancia que nos separaba se había acortado a un suspiro. Y luego, me tomo entre sus brazos, y mientras mis gritos se mezclaban con sus carcajadas, me llevo a su reino de oscuridad. Hades me había secuestrado, y junto con él, me iba a ir directo al infierno
No se si pasaron horas, días, meses o simples segundos. No tenia noción de nada, solo mi cuerpo ardiendo en esa tortura caliente de la cual nunca podía escapar.
Sin embargo, misteriosamente, nunca llegaban a dañarme. Solo me llenaban de fuego, haciendo que mi sangre se sintiera como lava escurriendo por mis venas. Tenía hambre. El tiempo pasaba y mi organismo demandaba sus necesidades primarias. Me encontraba en un salón espacioso, lleno de sombras negras que se escurrían por doquier. Formaban siluetas siniestras y yo me estremecía por sus cercanías. De pronto las puertas de hierro que representaban la única salida de ese lugar, se abrieron, eliminando las sombras que me acechaban, dando paso al monstruo que me había secuestrado. Hades sonreía, eclipsando la poca luz que la luna podía emitir.
Me olvide de porque tenia que estar asustada. Solo existían sus ojos para mí. Aquellos ojos que me absorbían y encerraban en las profundidades de su alma. Se sentó en la silla principal, su trono, el cual se encontraba en la cabecera de la gran mesa. Sus ojos no se alejaban de mi rostro y los míos se desviaron evitando su mirada. Vi, por el rabillo del ojo, como sonreía. Chasqueando los dedos, las antorchas que adornaban la inmensa habitación se encendieron y la mesa se llenó de comida. El aire cambio espesándose. Se me hacia difícil respirar. Me quedé quieta; evitando moverme y seguir mis ansias. Lucifer me volvió a mirar.
- Come -me ordenó. Yo seguía quieta, evitando mirarlo, evitando siquiera respirar.
-Come. Siento tu hambre - me ordenó nuevamente. Chispas escurrían a su alrededor, haciendo tangible su fuerza. No quería moverme, estaba aterrada, pero no lo podía evitar. Tenía demasiada hambre. Alargué la mano, captando una suave manzana verde que se encontraba en un gran plato de oro.
Irónico. Blancanieves había muerto con un mordisco a una manzana y yo, aun muerta de miedo, había elegido ese aperitivo que fácilmente podía significar mi muerte.
Le di un bocado y pude ver por segunda vez en ese día, como se regocijaba de alegría
- ¿Qué haz hecho?- le pregunté. Aun así supe que era demasiado tarde. Yo me había absorbido. Nunca podría escapar, lo vi en sus ojos.
-No te preocupes, Persefone, nosotros…..-
Me desperté. Sudor perlaba mi frente y mi respiración se agitaba siguiendo los latidos desbocados de mi corazón. Miré el reloj de al lado de mi cama. ¿Qué había sido eso?. El sueño seguía en mi mente, atormentándome. Podía sentir el azufre de ese lúgubre lugar y como el fuego lamia mi piel. Aun lo recordaba. También, recordaba esa sonrisa de satisfacción que tenia en su cara segundos antes de despertarme. Como haciendo una promesa silenciosa. Una promesa de la cual, yo no quería enterarme
jueves, 20 de octubre de 2011
Solo tú
Ya me canse. Me cansé de tus maltratos, de tu falta de atención, de tu ignorancia, de tus burlas despiadadas hacia mi, de todo. Al fin me doy cuenta de que hay más que ver, además de lo que esta enfrente de mis ojos. Vos tenías una persona que te quiera enfrente de los tuyos y ni cuenta te diste.
¿Sabes que? No importa. Todo llega a su fin al igual que mi paciencia. No supiste valorarme; ni a mi, ni a los que te rodeaban. Y recién ahora me doy cuenta de que nunca derramé una lágrima por vos, nunca te nombre en sueños. Siempre el “te quiero” pero nunca, jamás el “TE AMO” se asomó por mis labios.
Pobre de vos. Nunca quisiste a nadie más que a ti mismo. Tu egoísmo se centro tanto que olvidaste darle importancia a los demás y a lo que era tuyo desde el comienzo. Pero ahora no, todo cambia. La gente lo hace, vos no. No lo mereces. Tantas veces me decías que te aburrías de mi y de mi forma de ser.
Pero sabes… ahora yo me aburro de vos. Y todos y cada uno de tus putos recuerdos quedaron en el pasado….
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Camil Capítulo 6: Sueños aterradores
Sin darme cuenta, me había sumido en la inconciencia de un sueño aterrador. ¿O era más bien un recuerdo? No lo se. Lo único que sabía es que mi mente me gritaba que me alejara, pero mi cuerpo y mi alma querían acercarse a ese momento. Poder ver realmente lo que paso y no hacerle caso a las historias que me contaron.
Como verán no recuerdo nada sobre ese día. Solamente fragmentos de lo sucedido pero nada definido. El rostro de mi madre, padre y hermana; muertos y sangrando. La agonía de mi cuerpo. El coche en llamas, oscuridad. Pero… justo ahí, había algo que se me escapaba. Algo que debería recordar, pero nunca pude. Una parte que yo no podía alcanzar pero que, sin embargo, siempre aparecía burlándose de mi. Solo hacia falta un pequeño esfuerzo, una fuerza mental suficientemente fuerte coma para poder entrar a esa parte de mi cerebro que tenia almacenado mis recuerdos mas profundos.
El único problema es que ya no podía. Estaba demasiado cansada para mantenerme en pie. La oscuridad me atraía y yo quería aceptarla, como siempre lo hacia y como sigo haciendo. La oscuridad fue mi única amiga en aquellos días oscuros y lejanos. Solo un esfuerzo… un pequeño salto.
Y ahí estaba. Una mano... una mano que apresaba mi garganta, la otra apretando la mía (¿la del tatuaje? No, no... yo en ese momento no tenía ningún tatuaje en mi mano) tanto como para rompérmela. Tanto dolor, una bota pateándome ¿José? No, imposible. Un grito desgarrador de dolor… y luego todo desapareció.
Me levante sobresaltada con el sueño fresco todavía ¿Qué había sido eso? Gotas de sudor gélido cubrían mi nuca y mi cuerpo tiritaba del frío, aunque me encontraba rodeada de calor. Un calor que se movía. Al ir tranquilizando mi respiración, me di cuenta de que alguien se encontraba detrás de mí. Unos brazos me rodeaban y el miedo invadió mi mente. Esos brazos y manos eran las de un asesino y, sin embrago, no podía alejarme de ellas. Baje la vista y vi los tatuajes que rodeaban sus antebrazos. ¿Eran lo de José? Me calmé. José se encontraba contra mi espalda con sus brazos rodeándome. Comencé a recordar todo lo que había pasado en el bar.,… quiero decir SU bar, y bueno, ya no estaba taannn tranquila.
Estaba enojada…. Decir eso era un eufemismo. La respiración de José se mantuvo estable, dándose cuenta a pesar de todo, de mi estado de ánimo. Estaba empezando a ver rojo cuando me di cuenta de que había sangre en sus brazos. Unos pequeños surcos surgían de heridas que tenían forma de media lunas… ¿eso era mío? Pero, otras surgían de raspones y heridas profundas. Tenía magulladuras y moretones por todos lados.
¿Qué le había pasado? Intente darme vuelta pero sus brazos se apretaron aun mas en torno mío. No podía girarme. No podía ver su cara, sus ojos y darme cuenta de qué le pasaba.
- José… suéltame ¿Qué pasa contigo?-
- Solo un rato más Camil. Quédate así un rato mas - Me respondió y se acerco todavía más. “Sip. Gracias libido me ayudas mucho en estos momentos.”
Aproveche la oportunidad para mirar a mí alrededor. ¿Con qué esta era su casa? Crease o no, nunca había estado aquí. José nunca me había invitado y cuando yo se lo pedía, solo decía que no, con una sonrisa fácil y cambiaba de tema.
Pero, ahora que tenía la posibilidad de verla y estar aquí la única palabra para describirla era WOW.
Su casa era enorme. Simple, pero enorme. ¿Era una remodelación de una casa de bomberos? Vi los tubos que iban a la planta baja.. Parece que si. “Genial” pensé. Vi los muebles, senillos.
Como si leyera mi mente, José suspiró; un suspiro largo y de pesar y me giró.
Me quede quieta y la respiración se me entrecortó. Era arrebatadoramente bello, ¿Era eso normal? No, no lo creía. Me miró a los ojos.
- Vamos Camil, di lo que tiene en la cabeza - me retó. Su mirada no se apartaba de mi rostro. Me sonrojé y baje la vista. Peor.. me sonrojé aún mas. José se encontraba sin remera y con unos shorts deportivos. Nada más. Por mi parte, me encontraba sentada entre sus piernas con una camisa demasiado grande para ser mía. ¿El me había…? Oh dios…
- No te ataques Camil. Le pedí a mi ama de llaves que te cambiara la ropa por algo mas cómodo. Aunque no se si prefiero verte con lo que tenias antes o con lo que estas usando ahora.- me dijo con una pequeña sonrisa en el rostro.
- Ya claro- Le conteste. Ya no sabía si era mi cara la que quemaba o la temperatura de lugar había subido.
José sonrío aun más ante mi timidez. “¿Timidez? ¿Quién era yo? ¿Desde cuándo era tímida? me sacudí olvidando todo lo que sentía, pero en ese momento me acorde de algo. Levante la vista, (“Trabajo difícil, chica” me dijo mi mente), hasta que llegué a su pectoral izquierdo, justo encima de su corazón. Mi vista se clavó allí… no había nada. Absoluta y llanamente nada. Solo piel bronceada y nada más. ¡Imposible!, allí estaba mi cruz. Iba a tocar su pecho, pero me detuvo.
- No lo hagas Camil- casi me gruñe
- ¿por qué? – le pregunte- ¿Por qué nunca me dejas acercarme? ¿Por qué siempre me alejas? Dime José ¿Por qué te escapas todo el tiempo? ¿Me tiene miedo, cierto? Dímelo. Contéstame.
-Dioses Camil... No - me dijo José - Eres irritable mujer. ¿De dónde salen esas ideas?-
- ¿Qué quieres que haga? - exploté- Me tratas como si fuese una reina y luego te alejas. Me provocas y luego te alejas. Ya no se que hacer ¿Sabes? Eres un jodido bastardo. Te agrada ver como de a poco me vuelvo loca intentando descifrarte- “Y descifrarme a mi misma” – Mi cabeza es un lío.
Una sonrisa torcida y de comprensión surcó sus labios.
- Eso será por la resaca, pequeña- me dijo. Ya no sabia si reírse o gritarme por lo que había hecho- Se pasó una mano por el pelo, desordenándolo- Mira Camil, mi vida es complicada. No puedo hacer esto. Soy grande ¿Sabes? Y por más que siempre estoy a tu lado en algún momento tendré que irme. Tú ya no me querrás a tu lado.- Me dijo mirándome a los ojos con esas profundas orbes negras.
-Yo no te voy a echar. Eres todo lo que tengo José. No tengo recuerdos de… tu sabes... eres todo lo que me conecta con ello- Le tomé el rostro entre las manos- No me alejes por favor.
- Yo no quiero alejarte Camil, pero hay cosas... cosas que tu todavía no haz resuelto, ni preguntado. Vamos Camil, piensa...-
Y ahí estaba, la pista que necesitaba. Pero mi mente estaba mas halla de todo. Lo único que me importaba era su rostro, sus ojos, como la luz de la luna bailaba sobre él. Luego tomaría en cuentas las consecuencias de mis actos. Ahora lo único que me importaba era él.
Mi rostro se fue acocando al suyo. Dios, realmente lo quería. Realmente quería estar con él. Pero como todo lo que quiero se derruye, yo no podía desear nada. Solo él.
-No, Camil, espera- José me alejó. No, no, no. ¿Por qué? Me estaba alejando otra vez. Ya no podía más. Miré hacia la luna. El cielo se estaba nublando y comenzó a llover, de la nada, derramando lágrimas por mi tristeza, como si sufriera por mí.
Caí sobre su cama. Con el corazón en la mano. Y lloré. Todas las lágrimas, agonía, dolor. Todo comenzó a desbordarse. Me cubrí los ojos con las manos, boca arriba. Mi respiración salía en suspiros entrecortados. Sentí el movimiento sobre la cama y me comencé a hundir. Mi respiraron se comenzó a calmar. Un aliento cálido cubrió mi rostro y unas manos suaves, alejaron los mechones de mi pelo que se habían cruzado por mi cara, colocándolos detrás de mi oreja.
-Camil- susurró, casi atragantándose con las palabras. Había tanto dolor en su voz ¿Era por mi?
No lo miré. No podía. Me encontraba desecha; mi corazón no lo podría soportar más.
José se inclinó sobre mi cuerpo y, de repente, algo suave cubrió mis labios. Me estaba besando. Y era como el hogar. Tenía un sabor suave a menta y cuero. Me paralicé unos segundos, luego le devolví el beso. Era más bien un reencuentro; era una sensación que ya conocía. Entreabrí los labios y lo seguí. El beso se volvió rudo. José me mantenía contra su cuerpo; intentando que no me escapara y que no se escapara él. Se dio cuenta de la fuerza con la que me sostenía y me soltó. Nos recostamos juntos. Otra vez, contra su pecho, tirados sobre la cama, escuchando nuestras respiraciones agitadas y los latidos de nuestros corazones. Su mano cubrió mi pelo, acariciándolo suavemente, mientras yo apoyaba una mano en su pectoral. Se tensó un momento, pero luego se relajó. Me dio un suave y ultimo beso en los labios... Oh tan delicioso, y murmuró un suave “duerme”. Y así como si fuera su deseo y mi cuerpo me obligara a hacerle caso, caí por primera vez un sueño profundo y sin pesadillas. Dejando en los recobros de mi mente, un dato importante algo que me molestaba y que tendría que preocuparme. Algo que tendría que recordar. Pero no lo hacia. Y simplemente… me sumí en un sueño de paz.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Amelia Capítulo 4
Sus labios habían sido suaves como la seda con sabor a chocolate fundido y es ése hermoso perfume de feromonas que era único de ella. Sólo que su beso había sido retenido y casi gruño de la desesperación. “Estúpida Lenia” pensé. De acuerdo, era mi novia, pero sólo estaba con ella para pasarla bien y siempre me arruinaba las mejores partes. Aunque pensándolo bien no me importaría seguir, daría un buen espectáculo.
El mero pensamiento me hizo dar una sonrisa diabólica. Pero no lo haría. Todos los chicos atrás de esa arpía me querían sacar los ojos. Ellos habían confiado en mí para conquistarla y hablarle de ellos, pero los engañé….no pretendía cumplir mi promesa.
Amelia se movió detrás de mí. Seguía apretada entre mi cuerpo, “Dios, qué bien se sentía”, y la pared. Los miraba de reojo, como calculando, “seguro que lo está haciendo”.
-Muévete- me dijo. Inmediatamente todas las células de mi cuerpo me ordenaron seguir su pedido y así lo hice. Todos la miraron embobados “estúpidos” pensé
- Córranse – Amelia imponía su presencia y poder en cada paso que daba. En sus movimientos, en su voz. Se formó una hilera y todos (incluyendo Lenia) se corrieron, permitiéndole pasar. Pasaron tres minutos hasta que desapareció de la vista de todos y el infierno se desató.
Gritos por todos lados, acusaciones, enojos. Todos a mí alrededor me miraban con furia, me gritaban. A lo lejos se oyó decir a Lenia – Es todo suyos.- y se fue cerrando la puerta.
Cinco minutos más tarde aparecí en la clase, Lenia me miraba como si viera un fantasma. El baño era ahora un cementerio, cuerpos rojos y magullados yacían en el piso, treinta con los nudillos rotos y quince noqueados. No era de esperarse otra cosa.
Cansado de estar en ese maldito purgatorio me recosté contra le asiento de mi pupitre. El día que en su comienzo había sido azul sin nubes, y con un sol brillante, se había oscurecido.
“Algo está por suceder” Esa frase me daba vuelta en la cabeza, la imagen de mi última batalla apareció en mi mente.
Sangre por todos lados. Los enemigos yendo con pasos inseguros hacia una trampa. Las ramas arañaban su piel, rostro y ropas. Ya no tenían agua ni comida. Los habíamos aislado y ellos habían caído como moscas en las telarañas. Presas fáciles. Todos y cada uno de ellos comenzaron a caer. Empezaron siendo veintiocho para atacarnos, el primer día dos habían sido atacados y cinco habían desaparecido misteriosamente. El miedo había comenzado a surgir y a aparecer en sus rostros. Su aroma entremezclándose con el pavor era un fuerte afrodisíaco para todos lo depredadores de la selva. El ambiente húmedo y caluroso hacía difícil el respirar. Sus fuerzas se agotaban, sus reservas reducidas a la mitad hacía casi imposible la supervivencia. Las desapariciones del enemigo continuaron. Los guardianes ya estaban preparados para la guerra; sus músculos tensados por la anticipación, sus ojos adaptados a la oscuridad, sus bocas abiertas y sedientas de sangre. Hambre.
Habían atacado. Alaridos de miedo se entremezclaron con los gritos de guerra de nosotros, los caballeros. No había tiempo para pensar, sólo actuar. Armas y puños volaban dirigidos a la cara de los adversarios. La sangre manaba de sus cuerpos, dejándolos inertes y tirados en el piso. Los enemigos comenzaban a perecer y la energía de sus cuerpos los abandonaba mientras que nosotros íbamos ganando poder. Triunfaríamos, venceríamos a aquellos enemigos antes de lo esperado y ella nos perdonaría. Nuestra reina, la que nos había desterrado.
Pero una vez guerrero siempre guerrero, no se podía evitar. El último enemigo calló desfallecido. Habíamos triunfado, regresaríamos a nuestros hogares como reyes. Los gritos de guerra y felicidad desgarraron la tranquilidad del ambiente selvático. Pero no acabó ahí. El cielo se tornó oscuro, las nubes negras como manchas en el cielo taparon toda la luz dejando amarga oscuridad a nuestro alrededor. Se hizo un silencio. El viento soplaba y arrastraba la tierra a su paso. Se oyeron voces, pasos, todos entremezclados con los gritos de la muerte. “Se aproximan, ya están cerca”. Nos preparamos para una batalla perdida. Luego los pasos se detuvieron, a diez metros de nosotros. Fuimos aniquilados.
martes, 13 de septiembre de 2011
Amelia Capítulo 3
Fría, la pared estaba fría. El cuerpo de ese bastardo estaba aprisionándome sin dejar un sector expuesto a la calida luz del sol. Y qué cuerpo. Cuando lo vi me hice la desinteresada evitando la vergüenza que sentía al estar ante él desnuda. Hombros amplios, pectorales, abdominales, y bíceps marcados y moldeados por las peleas, no por esas estúpidas máquinas que te sacan músculos. “Sin sentido”.
- Que piel brillante, ¿cómo se sentirá? - estiró la mano. Con delicadeza, como tocando un juego de porcelana, movió ligeramente los dedos por mi cuello, rozando las venas y los lunares a su paso.
- Crema blanca - susurró con voz entrecortada y ronca. ¿Cómo podía hacer eso?. ¿Tocarme después de que le había dado uno beso a su novia? ¿Teniendo novia?
- Mejor que la de tu novia, ¿no? – “¿Celos?, ¿yo? Ni ahí.”
Pestañó, como intentando recordar. Enfermo, no se acordaba de su propia mujer. Me separé de él, empujándolo con fuerza.
- Héchate - le ordené. Inmediatamente se arrodilló y me miró. – ¿Quién crees que eres como para hacerla infiel? No me tocarás, no lo permitiré. No fui y no voy a ser segunda de nadie.-
- Se confunde, yo no estoy con ella - replicó - La veo a veces pero no oficializamos nada. Sólo permítame tocarla más.-
- ¡No! - fue una orden explícita. No lograría romperla y no lo haría.
Dios, ¿por qué me dolía tanto esta soledad?, ¿por qué quería que él me tocara y me diera su calor? “Estúpida” me dije “borra eso de tu mente”. Terminando de colocarme la ropa, me aleje de él y dándole la espalda le escuché decir:
- No me importas tanto como para dejarla-
Seguí caminando, aguantando las ganas de ir y gritarle a la cara. Molerlo a golpes y dejarlo tirado en el piso. Y bien merecido lo tenía. Pero no lo haría, no me rebajaría a ello.
Gimnasia pasó rápido y tranquilo. Me lucí, realmente me agradaban los deportes y soy buena en todos ellos. Básquet, handball, voley, tenis, es algo que me inspira, relaja y desestresa cuestión de que servía a la perfección. La novia de Marco, al contrario era una sufrida. Linda, pero sufrida. Se creía la reina del colegio y jamás movía una uña de manicura para hacer algo para ello. ¿Qué le veía?
Digo, no era la gran cosa, no como yo. Rubia teñida, ropa ceñida al cuerpo, demasiado maquillaje, nada natural.
- ¿Por qué la miras como si estuvieras analizando el modo de matarla?- Salté de mi lugar. Esa chica… un día iba a matarme. Lucía, la que no miraba, la inadaptada social, era ahora mi amiga. - Que furia hay en tus ojos contra Lenia -
- No es furia – le dije “Son celos” Alto… ¿de dónde había venido ese pensamiento? “No, no era mio” pensé. Desechándolos con un movimiento de mi mano miré a Luci. - No me interesa ¡Y no la miro! - a lo lejos se escuchó un “okey”.
Cuando llegó mi momento de batear (si, genios, estamos en beisball) me posicioné a la perfección. Sólo que desde las bancas me gritaban y alguien se posicionó detrás de mí para “ayudarme”. Ehhh.. ¿Perdón?
- Así - me dijo, dejando salir un suspiro entrecortado en mi oído mientras se apoyaba contra mi cuerpo. “Maldito bastardo”. Leandro no dejaba pasar ninguna para acercarse a mí y aprovecharse. Yo le enseñaría.
Retiré el palo para adelante y lo balanceé hacia atrás, directo a su cabeza. Pero antes de que el palo impactara contra su objetivo, Leandro fue retirado y despegado de mi cuerpo enviado por los aires hasta la reja. Marco lo aprisionaba allí. Ya no había nada humano en él.
- Vuelve a tocarla y te corto la mano - le murmuró con los dientes apretados. Mierda, una vez que se hacía una amenaza por parte de un caballero siempre se cumplía.
- Alto - le ordené. Pero no me hacia caso. Oh no, estaba más allá de si mismo. Sus ojos, esos ojos negros comenzaban a teñirse de rojo. “Para” le dije mentalmente, pero no me hizo caso.
Despacio, caminé hasta donde él estaba. Leandro estaba azul; los ojos abiertos permitiéndosele ver toda la parte blanca alrededor de la pupila, levantado a 20cm del suelo por una mano de Marco sujetándolo del cuello.
- Tranquilo - le susurré, acariciándole los brazos suavemente creando una pequeña fricción – todo estará bien – Sus músculos de los brazos tensados a morir iban relajándose de apoco. – No me tocó, sólo se acercó. No pasó nada. Vamos Marco sólo suéltalo.-
- Pero te tocó. Te respiró en el oído, ha inhalado tu aroma. No lo quiero en su cuerpo.- casi rugió las palabras tensándose de nuevo.
- No, no lo ha hecho. Sólo suéltalo y hablemos – aceptando mis palabras con las cuales había utilizado el tono más suave que tenía pero jamás había dicho por favor. No me rebajaría a hacerlo ni por la vida de alguien.
Lo mantuvo unos minutos más, luego lo dejó. Arrojándolo en el camino al piso, luego me miró. Su mirada ya no mostraba furia, sino determinación. Salió volando a por mí, me agarró de las piernas y colocándome sobre sus hombros, me cargó hacia la escuela. Al baño otra vez.
No, no, no, no “sisisisisis”, mi cuerpo traicionero a mi mente permitió que me arrastrara hacia la pared. Allí me miró a los ojos con descaro ansiándome. “Imbécil”, antes de que pudiera reaccionar ya estaba sobre mi boca. Su sabor era decadente. Sabía a lluvia madera y hogar. Nada se asemejaba a ello. Rugió, realmente lo hizo.
Sólo sus manos fueron dulces colocadas en mi pelo y en mi nuca. Su boca asaltaba la mía sin darle descanso, para luego deslizarse por mi mejilla hacia mi oreja. Allí inspiró mi olor dilatándose las aletas de su nariz. Susurró una incoherencia y suspiró enviando un escalofrío por mi columna. Una ola de furia invadió mi cuerpo. ¿Qué estaba haciendo? Dejándome tocar por un guardián después de lo ocurrido con Lucas. No, esto no era igual pero no lo haría. No lo permitiría.
- Ah, mira a quienes tenemos aquí - Miré a la puerta, la estúpida de Lenia estaba parada, apoyada contra el marco de la puerta y todos los hombres del grado detrás de ella…
Amelia Capitulo 2
Piiip, Piiiiiip. “Molesto” fue la primera palabra que le vino a Marco a la mente.
“Maldito despertador” pensé levantándome de la cama y vistiéndome. Al fin había llegado Amelia. Anarquía como me había obligado a llamarla. Por dios… en el siglo XIV se le decía así, ya nadie usaba ese nombre.
Esa chica…. Insoportable era la única palabra que la describía a la perfección y, sin embargo… esa imagen de ella por primera vez era exquisita. Todo en ella lo era. Su olor, su cara, su cuerpo, su mirada… te perdías en ella y ya no podías pensar en nada. Entonces su poder había salido y las ganas de tocarla se habían incrementado.
Ya había pasado una semana desde que vino y todos, absolutamente todos, se quedaban babeando viéndola caminar.
“¿Qué estoy diciendo?” pensé “ella es mi ama, la que me enjauló. No puedo sentir alegría al verla. Simplemente sádico este pensamiento.”
Por suerte ese día en la escuela transcurrió todo normal. Bueno, a lo que se le puede decir normal. Fui casi arrastrado por los chicos ni bien llegué al colegio (yo lo llamaría purgatorio) Qué fuerza tenían últimamente. “Parece que se han estado ejercitando para gustarle a Amelia” pensé y un sentimiento de ira se apoderó de mi alma. Lo evité al instante.
-Marco, ayúdanos tío- me dijo Adrián. “¿Ahora qué querrán?” – Necesitamos ayuda para con Amelia. Estamos desesperados. A ti es al único al que le habla y escucha, se ríe y todo con nosotros pero no nos toma en cuenta – “Ja, si ellos supieran la verdad” me reí interiormente evitando que todo signo de burla saliera a luz.
- ¿Y qué quieren que haga?-
- Nada, sólo que le hables bien de nosotros y puedas hacer que pase mas tiempo con los chicos – “Si claro, cuando el infierno se congele”. Me levanté y mientras me alejaba les fije:
-Yo me haré cargo - Nadie más me siguió.
Genial. Me tenía que encargar de Amelia y encima cuidarla de los tarados acosadores. “Busquémosla”.
-Hola Marco - esa voz.. .. ¿De quien era? … ahh si, esa humana.. ehh ¿Lenia?
-Ei.. ahora no puede. Despues- Le di un suave beso en los labios, solo fugaz. Para que se mantenga”. Vi un movimiento fugaz por el rabillo de mi ojo. Simplemente un cambio de luz. No lo tuve en cuenta, y segui con mi objetivo
Seguí buscando a Amelia, todavía sintiendo el ceño fruncido de esa chica.
No tendría que ser tan difícil con toda la atención que llama, era como un faro. Nadie la podía ignorar.
Pero ella simplemente no estaba. Ni en el aula, ni en el patio, jardín, oficinas, simplemente había desaparecido. “Oh dioses, que no le halla pasado nada”. No. Ese pensamiento no debía estar, no era una opción.
- ¡Amelia! - grité mientras entraba en el baño. Algo que no tendría que haber hecho.
Una Amelia desnuda apareció ante mis ojos. Sólo llevaba ropa interior (de encaje negro, por cierto) y las medias largas hasta las rodillas.
- ¿Qué haces? - me preguntó sin inmutarse por mi presencia. Lentamente caminé en su dirección. Mis manos no se movían. Mejor dicho si lo hacían pero no a mi gusto. Yo no las controlaba. Mi cerebro estaba en blanco. Lo único que veía era su brillante piel crema bañada en la luz del sol.
- Respóndeme - me ordenó. Esa frase no me llegó. Cuando se dio la vuelta yo ya estaba abalanzado sobre ella.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Camil Capitulo 5: La cruz
“¿Soy yo o la temperatura subió?”.. Me quede mirando a José, mientras que me estrechaba entre sus brazos a medida que la canción pasaba. Esos brazos… esos duros y fuertes y apetecibles….. “Si, definitivamente soy yo”
Ya me había olvidado el porque me tenia que alejar de José, porque estaba enojada con él. Lamentablemente mis manos no siguieron el mismo consejo que mi cerebro y empezaron a recorrer su cuerpo. La remera de manga corta que tenia se le aferraba a esos músculos de muerte que yo ya había visto más de una vez y los pantalones sueltos negros que le llegaban justo por enzima de la cadera eran un sueño.
Mi cerebro comenzó a convertirse en una masa gelatinosa. No se si era por el humo o por los tragos que había tomado, pero ya no podía pensar coherentemente.
- Dime Camil, ¿qué ronda por esa dulce cabecita tuya? – José era implacable a la hora de leer mis pensamientos. Era como si el estuviera en sintonía con mi mente y pudiera leerme como un libro abierto.
- Ya que eres tan bueno en todo, porque no intentas adivinar lo que pienso- le reté. Una risa torcida cuervo sus labios, haciéndome saber que había sido una mala elección.
- Dejame ver.. Debes estar pensando en lo bien que te sientes junto a mi ¿no es cierto? – Y para enfatizarlo acerco mas su cuerpo al mío, estrujándome entre esos brazos de hierro.
- Frío, frío – le dije, mientras que mi cerebro grita eufóricamente MENTIROSA. – Entonces.. Dime ¿te diviertes teniendo tu propio club no es cierto? –
La sonrisa que momentos antes habían curvado sus labios comenzó a convertirse una mueca de disgusto.
- Camil te dije miles de veces que no vinieras. ¿Para qué te acercas a mi bar?, solo para molestar a mis compañeros con toda esa ropa y ese cuerpo provocativo tuyo ¿no es cierto? –
- Disculpa, ¿me estas diciendo puta?. Pero que te pasa. Momentos antes me alabas y ahora me tratas como una zorra cualquiera. Habla por tus amigas en todo caso que no pueden apartarse de tu cuerpo ni un segundo- le conteste agriamente. ¿Qué se pensaba?
- Medio irónico, diciendo eso cuando estas tan pegada a mi que se podría decir que eres parte de mi cuerpo- se rió bajito, junto a mi oreja como si nada – Sabes Camil tu tendrías que……-
No termino la frase. Mi puño derecho voló a su estómago evitando que continuara hablando tragando aire. “Uahhh si que tenia fuerza”
- Off eso casi lo sentí Camil, casi – Otra vez se reía de mi, era increíble.
De repente se escuchó un ruido sordo que atravesó a la multitud, seguido por gritos agudos y una serie de maldiciones. ¿Y eso?. Miré a José esperando respuestas, pero su cara se había convertido en un muro impenetrable. Otra vez se estaba cerrando y alejándose de mi lado.
- Es hora de irte a dormir Camil – me dijo José. Le iba a contestar. No tenia sueño ¿por que tenia que irme a dormir?. Pero de repente un sueño profundo me embargó. Tanto que no podía abrir los ojos - No te preocupes pequeña yo te cuidaré-
- José, espera no quiero ir a lo de mis tíos. Por favor, tan solo no ahí esta noche-
-Shhh, calma…- ya no pude escuchar mas, entre los gritos de la gente, la música y el sueño que me reclamaba, mi cuerpo se separó de todo y me llevó a la fantasía.
Sin embargo, recuerdo que antes de padecer ante la oscuridad, unos ojos profundos negros me miraban intentando encontrar alguna reacción que determinara que algo andaba mal. Me escaneaban el alma. Mi mano fue a la remera de José agarrandome de ella mientras que este me impulsaba y me llevaba en brazos hacia la salida.
Recuerdo haber escuchado una orden seca. Recuerdo haber oido una respuesta. Recuerdo que mi mano se empezó a resbalar de la remera de José, haciendo que esta última se deslizara un poco. Y justo ahí…..recuerdo haber visto una cruz de ocho puntas, igual a la mía, grabada en el pecho de José.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Amelia Capítulo 1
Como dije voy a un colegio, al Saint Marie, donde iba a pasar mi primer día. Genial, gente desconocida mirándome. Más mierda en mi vida. No se podía decir que era una chica fea, era una típica chica con cabello azabache como la noche sin estrellas, ojos azul zafiro y la piel cremosa y blanca como la nieve. De acuerdo, tal vez no era la típica chica, pero si en Rumania, lugar de mi nacimiento. Pero si, era bien linda pero bastante cerrada. Mi pasado no era algo que me enorgulleciera, por eso lo mantenía en secreto.
¡Mierda! Llegaba tarde. Peor todavía, ya ero lo suficientemente malo cuando se me quedaban mirando con la boca abierta. Un poco más y babeaban. ¡Qué asco! Llevaba un conjunto de jeans azul y camiseta negra para lograr pasar desapercibida. No era mi forma de vestir, eso te lo diría mi armario pero era, nada más, para causar una buena primera impresión. Llegué a la puerta y me detuve. Respiré, una, dos veces y entré.
Luego…nada. Bien, por lo menos esta vez no gritaron.
Los ojos abiertos como platos, sus bocas parecían O gigantes, donde yo podía meter mi puño. Paso, paso, retumbaban en el suelo. Miré al profesor. Igual de quieto que los demás. Qué silencio.Un escalofrío me recorrió la espalda. Miré al frente y mi mirada se entrecruzó con la de él. No, no, ¿Por qué? ¿Por qué estaba él en un lugar como este?
- Caballero - murmuré, mi voz entrecortada por la emoción de la desdicha. Me miró. Me estaba sonriendo. Se burlaba de mí, de Anarquía. Iba a pagar por ello.
- Responde a mi saludo – le dije con voz fuerte. Todos seguían en el estupor de haber visto mi rostro. Algunos parpadeaban como queriendo salir del trance.
- ¿Anarquía de Blotter? - me respondió y frunció el ceño. Bien, sonreí, esa era la respuesta adecuada.
- Bien – contesté en voz alta, mas para mí que para alguien más. Comencemos -Hola a todos.- dije – Profesor, si se me permite voy a comenzar – que fea voz, odiaba usarla pero era indispensable, pues sería inapropiado usar la mía verdadera. Si lo hacía, algo malo ocurriría.
- Mi nombre es Amelia de Blotter, tengo 17 años y vengo de Rumania- algunos ya comenzaban a actuar normalmente y se sonrojaban.
-“Qué hermosa que es”- pensaban -“la chica perfecta para mi”- típico pensamiento de hombre, sin embargo las chicas…Ya había ganado diez enemigas. Todas y cada una de ellas me odiaban sin excepción.
Que deprimente, típico pero deprimente. Sólo había una que no lo hacía, o eso parecía pero ni siquiera me miraba. Que más daba. El profesor decidió reaccionar en ese momento y me dijo balbuceando:
- H-Hola, bienvenida- “qué pequeña que es” pensó – Es una placer tenerte con nosotros- y me sonrió. Oh, maravilloso ya teníamos a alguien más en la lista de hechizados.
-Mmm… ¿En dónde estaba? Ah si, en la presentación…- Como no dije nada y se formó un silencio forzado esperando mi respuesta y yo sin darla, me pidió que me fuera a sentar. Busqué el asiento con la mirada. “Perfecto” pensé. En la esquina más alejada, pegada a la ventana había un pequeño banco blanco. Me dirigí a mi asiento pero…. me detuve. Sonreí.
-Caballero, mi silla – Él, se levantó de su asiento todavía con el seño fruncido y me retiró la silla. Me senté y con un asentimiento de cabeza le indiqué que volviera a su lugar.
Todos se quedaron pasmados mirándome como si fuese un extraterrestre y a él con ojos llenos de furia. Para aclarar las cosas les dije encogiéndome de hombros:
-Personal….-
De acuerdo, tal vez no aclaré mucho pero no iba a explicar mi situación a menos que sea necesario.
A partir de ello todo siguió normal, otro efecto causado por no ver mi rostro. La clase que daba el profesor (¿Cuál era su nombre?…A, si William, ¿ése era?) era historia, simple, básico. Técnicamente me la pasé mirando por la ventana así que no escuché mucho de lo que decía. Nada importante en sí veía. Las horas pasaron. Un logro por así decirlo.
Luego de la cuarta hora me aburrí, así que decidí tomarme un receso. Agarré mis cosas, pasé por la puerta y me detuve. Su presencia estaba allí, a tres pasos de mí. Me giré y lo miré. Era alto (1,80m) rubio como el sol y profundo ojos negros como abismos. Todo en su cuerpo irradiaba guerra y peligro. Vistiendo unos jeans holgados y una musculosa gris ceñida a los músculos de su cuerpo.
-Mi caballero a salido de la jaula – le dije riéndome de él – que cuerpo raro y apetecible que has decidido colocarte. Me agrada, tienes mi consentimiento -
- Amelia, le agradecería si no me llama caballero en su estadía en este colegio – me dijo apretando los dientes ante la necesidad de tocarme. Levantó la mano intentándolo pero la colocó inmediatamente al lado de su cuerpo – En este sitio nadie me conoce por ese nombre, todos me llaman Marco –
- Mmm...claro que nadie te conoce, – le contesté con una sonrisa – todas tus hazañas y matanzas que has realizado no son conocidas en este lugar…. De acuerdo – cambiando mi tono de voz imponiendo mi voluntad, continué – pero tú me llamarás Anarquía y me tratarás como se debe hacer y como lo hacías, pues así lo deseo –
- Pues si ese es su deseo, así será – me contestó. Y así sería, yo no dejaría que él lo olvidara. Esa frase dio paso a un recuerdo. Oh no, por favor.
Lucas mi antiguo guardián y novio asesinado por su deseo. Su cuerpo desmembranado, la sangre corriendo, todo rojo, muerte…Me di la vuelta y corrí, evitando el recuerdo y dejando a un Marco con ojos entrecerrados mirándome, sospechando. Dioses, por favor que no se de cuenta. No esperé a escuchar frase alguna de él. Desaparecí, terminé en mi casa, ya sin ganas, ni fuerza para seguir. Y simplemente… grité. Un grito escalofriante, era un grito que ni siquiera yo conocía y sospechaba que era un de venganza, rencor, ira y guerra. Mi grito perforó las paredes, llegó hasta el mismísimo centro de la tierra y volvió. Luego desapareció. Después de eso caí desfallecida en el suelo.
Hola a todos.. esta es una nueva historia en la que estoy trabajando (tambien romantica, no tengo arreglo) y me gustaria sus opiniones. Se que ahora no tiene mucho sentido pero a medida que se desarrolla lo van a comenzar a entender y la van a amar tanto como yo.
saludos a todos
2º Amelia de Blotter
Prefacio
Mi nombre es Amelia, y ésta es mi historia. Sinceramente no se cómo pasó. Soy como toda chica normal; voy a un colegio, tengo ex novios, 17 años, entre otras cosas. Entonces ¿Por qué me pasa esto nada más a mí?
Ah si, por el maldito destino. Es verdaderamente un dolor de cabeza. Y ahora entenderán por qué…. Ni me pregunten como llegué a esta situación. Sólo diría que fue una estúpida coincidencia y que jamás pasó. Qué mentira, ni siquiera yo misma me creo. Todos los hombres se quedaban mirándome, babeando al verme pasar. Pero cuando él decidió ignorarme y no me miró de vuelta, mi cabeza estalló y con ella mi cordura.
Entonces la caza dio inicio.
Dios, si no lo hubiera visto esto no estaría pasando, pero creo que valió la pena. Puede ser…… tal vez.
Siempre me pregunté por qué razón las cosas se dan así. Algunos me dirían que es el destino, otros que porque sí y otros (los mas sádicos) porque la vida es cruel. Yo, por mi parte pienso que lo que nos ocurre y lo que nos ocurrirá si puede ser modificado. No escribieron nuestra historia en una hoja de papel y así se quedó, y ésta, por más que algo suceda, debe ser obedecida a pie de letra. Yo soy la prueba viviente de que todo eso es una mentira. Yo fui quien sobrevivió, quien persistió y ganó después de todo este tiempo. Yo soy lo que nadie puede, pero quiere ser.
Yo soy ANARQUÍA
martes, 6 de septiembre de 2011
Libre Albedrío
Algunos lo han llamado el mayor regalo otorgado a la humanidad. Es nuestra capacidad para controlar lo que nos ocurre y exactamente cómo nos ocurre. Somos los dueños de nuestro destino y nadie nos puede imponer su voluntad a no ser que nosotros lo permitamos.
Otros dicen que el libre albedrío es un mito de mierda. Que tenemos un destino predestinado y no importa lo que hagamos o lo duro que luchemos, que en la vida nos pasará exactamente lo que está destinado a suceder. No somos nada más que peones para un poder superior que nuestros pobres cerebros humanos aún no pueden comenzar a entender o comprender. Por ejemplo el destino es un tren de mercancías rodando con un rumbo establecido que sólo el conductor conoce. Cuando llegamos en nuestro coche al paso a nivel, podemos elegir detenernos y esperar a que el tren pase de largo, o tratar de continuar delante de él y ganarle a ese chico malo.
Esa elección es nuestro libre albedrío.
Si decidimos apresurarnos por delante, el coche en el que estamos podría detenerse sobre las vías. Después podemos elegir intentarlo y poner en marcha el coche o esperar a que el tren nos arrolle. O podemos salir del coche para correr y luchar contra el destino del tren estrellándose contra nosotros y matarnos donde estamos. Si elegimos correr, nuestro pie podría quedarse atrapado en las vías o podríamos resbalar y caer.
Incluso, podríamos decirnos a nosotros mismos, "no hay manera de que sea lo suficientemente estúpido para luchar contra el tren" y retrocedemos a esperar con seguridad. Entonces, lo siguiente que sabemos, un camión nos golpea desde atrás, arrojándonos directamente sobre la ruta del tren.
Si es nuestro destino ser golpeados por el tren, seremos golpeados por el tren. Lo único que podemos cambiar es cómo el tren nos convierte en polvo.Yo personalmente, no creo en esta basura. Mi punto de vista: yo controlo mi destino y mi vida.
Pobre del que intente cambiarlo