“¿Soy yo o la temperatura subió?”.. Me quede mirando a José, mientras que me estrechaba entre sus brazos a medida que la canción pasaba. Esos brazos… esos duros y fuertes y apetecibles….. “Si, definitivamente soy yo”
Ya me había olvidado el porque me tenia que alejar de José, porque estaba enojada con él. Lamentablemente mis manos no siguieron el mismo consejo que mi cerebro y empezaron a recorrer su cuerpo. La remera de manga corta que tenia se le aferraba a esos músculos de muerte que yo ya había visto más de una vez y los pantalones sueltos negros que le llegaban justo por enzima de la cadera eran un sueño.
Mi cerebro comenzó a convertirse en una masa gelatinosa. No se si era por el humo o por los tragos que había tomado, pero ya no podía pensar coherentemente.
- Dime Camil, ¿qué ronda por esa dulce cabecita tuya? – José era implacable a la hora de leer mis pensamientos. Era como si el estuviera en sintonía con mi mente y pudiera leerme como un libro abierto.
- Ya que eres tan bueno en todo, porque no intentas adivinar lo que pienso- le reté. Una risa torcida cuervo sus labios, haciéndome saber que había sido una mala elección.
- Dejame ver.. Debes estar pensando en lo bien que te sientes junto a mi ¿no es cierto? – Y para enfatizarlo acerco mas su cuerpo al mío, estrujándome entre esos brazos de hierro.
- Frío, frío – le dije, mientras que mi cerebro grita eufóricamente MENTIROSA. – Entonces.. Dime ¿te diviertes teniendo tu propio club no es cierto? –
La sonrisa que momentos antes habían curvado sus labios comenzó a convertirse una mueca de disgusto.
- Camil te dije miles de veces que no vinieras. ¿Para qué te acercas a mi bar?, solo para molestar a mis compañeros con toda esa ropa y ese cuerpo provocativo tuyo ¿no es cierto? –
- Disculpa, ¿me estas diciendo puta?. Pero que te pasa. Momentos antes me alabas y ahora me tratas como una zorra cualquiera. Habla por tus amigas en todo caso que no pueden apartarse de tu cuerpo ni un segundo- le conteste agriamente. ¿Qué se pensaba?
- Medio irónico, diciendo eso cuando estas tan pegada a mi que se podría decir que eres parte de mi cuerpo- se rió bajito, junto a mi oreja como si nada – Sabes Camil tu tendrías que……-
No termino la frase. Mi puño derecho voló a su estómago evitando que continuara hablando tragando aire. “Uahhh si que tenia fuerza”
- Off eso casi lo sentí Camil, casi – Otra vez se reía de mi, era increíble.
De repente se escuchó un ruido sordo que atravesó a la multitud, seguido por gritos agudos y una serie de maldiciones. ¿Y eso?. Miré a José esperando respuestas, pero su cara se había convertido en un muro impenetrable. Otra vez se estaba cerrando y alejándose de mi lado.
- Es hora de irte a dormir Camil – me dijo José. Le iba a contestar. No tenia sueño ¿por que tenia que irme a dormir?. Pero de repente un sueño profundo me embargó. Tanto que no podía abrir los ojos - No te preocupes pequeña yo te cuidaré-
- José, espera no quiero ir a lo de mis tíos. Por favor, tan solo no ahí esta noche-
-Shhh, calma…- ya no pude escuchar mas, entre los gritos de la gente, la música y el sueño que me reclamaba, mi cuerpo se separó de todo y me llevó a la fantasía.
Sin embargo, recuerdo que antes de padecer ante la oscuridad, unos ojos profundos negros me miraban intentando encontrar alguna reacción que determinara que algo andaba mal. Me escaneaban el alma. Mi mano fue a la remera de José agarrandome de ella mientras que este me impulsaba y me llevaba en brazos hacia la salida.
Recuerdo haber escuchado una orden seca. Recuerdo haber oido una respuesta. Recuerdo que mi mano se empezó a resbalar de la remera de José, haciendo que esta última se deslizara un poco. Y justo ahí…..recuerdo haber visto una cruz de ocho puntas, igual a la mía, grabada en el pecho de José.