Sin darme cuenta, me había sumido en la inconciencia de un sueño aterrador. ¿O era más bien un recuerdo? No lo se. Lo único que sabía es que mi mente me gritaba que me alejara, pero mi cuerpo y mi alma querían acercarse a ese momento. Poder ver realmente lo que paso y no hacerle caso a las historias que me contaron.
Como verán no recuerdo nada sobre ese día. Solamente fragmentos de lo sucedido pero nada definido. El rostro de mi madre, padre y hermana; muertos y sangrando. La agonía de mi cuerpo. El coche en llamas, oscuridad. Pero… justo ahí, había algo que se me escapaba. Algo que debería recordar, pero nunca pude. Una parte que yo no podía alcanzar pero que, sin embargo, siempre aparecía burlándose de mi. Solo hacia falta un pequeño esfuerzo, una fuerza mental suficientemente fuerte coma para poder entrar a esa parte de mi cerebro que tenia almacenado mis recuerdos mas profundos.
El único problema es que ya no podía. Estaba demasiado cansada para mantenerme en pie. La oscuridad me atraía y yo quería aceptarla, como siempre lo hacia y como sigo haciendo. La oscuridad fue mi única amiga en aquellos días oscuros y lejanos. Solo un esfuerzo… un pequeño salto.
Y ahí estaba. Una mano... una mano que apresaba mi garganta, la otra apretando la mía (¿la del tatuaje? No, no... yo en ese momento no tenía ningún tatuaje en mi mano) tanto como para rompérmela. Tanto dolor, una bota pateándome ¿José? No, imposible. Un grito desgarrador de dolor… y luego todo desapareció.
Me levante sobresaltada con el sueño fresco todavía ¿Qué había sido eso? Gotas de sudor gélido cubrían mi nuca y mi cuerpo tiritaba del frío, aunque me encontraba rodeada de calor. Un calor que se movía. Al ir tranquilizando mi respiración, me di cuenta de que alguien se encontraba detrás de mí. Unos brazos me rodeaban y el miedo invadió mi mente. Esos brazos y manos eran las de un asesino y, sin embrago, no podía alejarme de ellas. Baje la vista y vi los tatuajes que rodeaban sus antebrazos. ¿Eran lo de José? Me calmé. José se encontraba contra mi espalda con sus brazos rodeándome. Comencé a recordar todo lo que había pasado en el bar.,… quiero decir SU bar, y bueno, ya no estaba taannn tranquila.
Estaba enojada…. Decir eso era un eufemismo. La respiración de José se mantuvo estable, dándose cuenta a pesar de todo, de mi estado de ánimo. Estaba empezando a ver rojo cuando me di cuenta de que había sangre en sus brazos. Unos pequeños surcos surgían de heridas que tenían forma de media lunas… ¿eso era mío? Pero, otras surgían de raspones y heridas profundas. Tenía magulladuras y moretones por todos lados.
¿Qué le había pasado? Intente darme vuelta pero sus brazos se apretaron aun mas en torno mío. No podía girarme. No podía ver su cara, sus ojos y darme cuenta de qué le pasaba.
- José… suéltame ¿Qué pasa contigo?-
- Solo un rato más Camil. Quédate así un rato mas - Me respondió y se acerco todavía más. “Sip. Gracias libido me ayudas mucho en estos momentos.”
Aproveche la oportunidad para mirar a mí alrededor. ¿Con qué esta era su casa? Crease o no, nunca había estado aquí. José nunca me había invitado y cuando yo se lo pedía, solo decía que no, con una sonrisa fácil y cambiaba de tema.
Pero, ahora que tenía la posibilidad de verla y estar aquí la única palabra para describirla era WOW.
Su casa era enorme. Simple, pero enorme. ¿Era una remodelación de una casa de bomberos? Vi los tubos que iban a la planta baja.. Parece que si. “Genial” pensé. Vi los muebles, senillos.
Como si leyera mi mente, José suspiró; un suspiro largo y de pesar y me giró.
Me quede quieta y la respiración se me entrecortó. Era arrebatadoramente bello, ¿Era eso normal? No, no lo creía. Me miró a los ojos.
- Vamos Camil, di lo que tiene en la cabeza - me retó. Su mirada no se apartaba de mi rostro. Me sonrojé y baje la vista. Peor.. me sonrojé aún mas. José se encontraba sin remera y con unos shorts deportivos. Nada más. Por mi parte, me encontraba sentada entre sus piernas con una camisa demasiado grande para ser mía. ¿El me había…? Oh dios…
- No te ataques Camil. Le pedí a mi ama de llaves que te cambiara la ropa por algo mas cómodo. Aunque no se si prefiero verte con lo que tenias antes o con lo que estas usando ahora.- me dijo con una pequeña sonrisa en el rostro.
- Ya claro- Le conteste. Ya no sabía si era mi cara la que quemaba o la temperatura de lugar había subido.
José sonrío aun más ante mi timidez. “¿Timidez? ¿Quién era yo? ¿Desde cuándo era tímida? me sacudí olvidando todo lo que sentía, pero en ese momento me acorde de algo. Levante la vista, (“Trabajo difícil, chica” me dijo mi mente), hasta que llegué a su pectoral izquierdo, justo encima de su corazón. Mi vista se clavó allí… no había nada. Absoluta y llanamente nada. Solo piel bronceada y nada más. ¡Imposible!, allí estaba mi cruz. Iba a tocar su pecho, pero me detuvo.
- No lo hagas Camil- casi me gruñe
- ¿por qué? – le pregunte- ¿Por qué nunca me dejas acercarme? ¿Por qué siempre me alejas? Dime José ¿Por qué te escapas todo el tiempo? ¿Me tiene miedo, cierto? Dímelo. Contéstame.
-Dioses Camil... No - me dijo José - Eres irritable mujer. ¿De dónde salen esas ideas?-
- ¿Qué quieres que haga? - exploté- Me tratas como si fuese una reina y luego te alejas. Me provocas y luego te alejas. Ya no se que hacer ¿Sabes? Eres un jodido bastardo. Te agrada ver como de a poco me vuelvo loca intentando descifrarte- “Y descifrarme a mi misma” – Mi cabeza es un lío.
Una sonrisa torcida y de comprensión surcó sus labios.
- Eso será por la resaca, pequeña- me dijo. Ya no sabia si reírse o gritarme por lo que había hecho- Se pasó una mano por el pelo, desordenándolo- Mira Camil, mi vida es complicada. No puedo hacer esto. Soy grande ¿Sabes? Y por más que siempre estoy a tu lado en algún momento tendré que irme. Tú ya no me querrás a tu lado.- Me dijo mirándome a los ojos con esas profundas orbes negras.
-Yo no te voy a echar. Eres todo lo que tengo José. No tengo recuerdos de… tu sabes... eres todo lo que me conecta con ello- Le tomé el rostro entre las manos- No me alejes por favor.
- Yo no quiero alejarte Camil, pero hay cosas... cosas que tu todavía no haz resuelto, ni preguntado. Vamos Camil, piensa...-
Y ahí estaba, la pista que necesitaba. Pero mi mente estaba mas halla de todo. Lo único que me importaba era su rostro, sus ojos, como la luz de la luna bailaba sobre él. Luego tomaría en cuentas las consecuencias de mis actos. Ahora lo único que me importaba era él.
Mi rostro se fue acocando al suyo. Dios, realmente lo quería. Realmente quería estar con él. Pero como todo lo que quiero se derruye, yo no podía desear nada. Solo él.
-No, Camil, espera- José me alejó. No, no, no. ¿Por qué? Me estaba alejando otra vez. Ya no podía más. Miré hacia la luna. El cielo se estaba nublando y comenzó a llover, de la nada, derramando lágrimas por mi tristeza, como si sufriera por mí.
Caí sobre su cama. Con el corazón en la mano. Y lloré. Todas las lágrimas, agonía, dolor. Todo comenzó a desbordarse. Me cubrí los ojos con las manos, boca arriba. Mi respiración salía en suspiros entrecortados. Sentí el movimiento sobre la cama y me comencé a hundir. Mi respiraron se comenzó a calmar. Un aliento cálido cubrió mi rostro y unas manos suaves, alejaron los mechones de mi pelo que se habían cruzado por mi cara, colocándolos detrás de mi oreja.
-Camil- susurró, casi atragantándose con las palabras. Había tanto dolor en su voz ¿Era por mi?
No lo miré. No podía. Me encontraba desecha; mi corazón no lo podría soportar más.
José se inclinó sobre mi cuerpo y, de repente, algo suave cubrió mis labios. Me estaba besando. Y era como el hogar. Tenía un sabor suave a menta y cuero. Me paralicé unos segundos, luego le devolví el beso. Era más bien un reencuentro; era una sensación que ya conocía. Entreabrí los labios y lo seguí. El beso se volvió rudo. José me mantenía contra su cuerpo; intentando que no me escapara y que no se escapara él. Se dio cuenta de la fuerza con la que me sostenía y me soltó. Nos recostamos juntos. Otra vez, contra su pecho, tirados sobre la cama, escuchando nuestras respiraciones agitadas y los latidos de nuestros corazones. Su mano cubrió mi pelo, acariciándolo suavemente, mientras yo apoyaba una mano en su pectoral. Se tensó un momento, pero luego se relajó. Me dio un suave y ultimo beso en los labios... Oh tan delicioso, y murmuró un suave “duerme”. Y así como si fuera su deseo y mi cuerpo me obligara a hacerle caso, caí por primera vez un sueño profundo y sin pesadillas. Dejando en los recobros de mi mente, un dato importante algo que me molestaba y que tendría que preocuparme. Algo que tendría que recordar. Pero no lo hacia. Y simplemente… me sumí en un sueño de paz.