Piiip, Piiiiiip. “Molesto” fue la primera palabra que le vino a Marco a la mente.
“Maldito despertador” pensé levantándome de la cama y vistiéndome. Al fin había llegado Amelia. Anarquía como me había obligado a llamarla. Por dios… en el siglo XIV se le decía así, ya nadie usaba ese nombre.
Esa chica…. Insoportable era la única palabra que la describía a la perfección y, sin embargo… esa imagen de ella por primera vez era exquisita. Todo en ella lo era. Su olor, su cara, su cuerpo, su mirada… te perdías en ella y ya no podías pensar en nada. Entonces su poder había salido y las ganas de tocarla se habían incrementado.
Ya había pasado una semana desde que vino y todos, absolutamente todos, se quedaban babeando viéndola caminar.
“¿Qué estoy diciendo?” pensé “ella es mi ama, la que me enjauló. No puedo sentir alegría al verla. Simplemente sádico este pensamiento.”
Por suerte ese día en la escuela transcurrió todo normal. Bueno, a lo que se le puede decir normal. Fui casi arrastrado por los chicos ni bien llegué al colegio (yo lo llamaría purgatorio) Qué fuerza tenían últimamente. “Parece que se han estado ejercitando para gustarle a Amelia” pensé y un sentimiento de ira se apoderó de mi alma. Lo evité al instante.
-Marco, ayúdanos tío- me dijo Adrián. “¿Ahora qué querrán?” – Necesitamos ayuda para con Amelia. Estamos desesperados. A ti es al único al que le habla y escucha, se ríe y todo con nosotros pero no nos toma en cuenta – “Ja, si ellos supieran la verdad” me reí interiormente evitando que todo signo de burla saliera a luz.
- ¿Y qué quieren que haga?-
- Nada, sólo que le hables bien de nosotros y puedas hacer que pase mas tiempo con los chicos – “Si claro, cuando el infierno se congele”. Me levanté y mientras me alejaba les fije:
-Yo me haré cargo - Nadie más me siguió.
Genial. Me tenía que encargar de Amelia y encima cuidarla de los tarados acosadores. “Busquémosla”.
-Hola Marco - esa voz.. .. ¿De quien era? … ahh si, esa humana.. ehh ¿Lenia?
-Ei.. ahora no puede. Despues- Le di un suave beso en los labios, solo fugaz. Para que se mantenga”. Vi un movimiento fugaz por el rabillo de mi ojo. Simplemente un cambio de luz. No lo tuve en cuenta, y segui con mi objetivo
Seguí buscando a Amelia, todavía sintiendo el ceño fruncido de esa chica.
No tendría que ser tan difícil con toda la atención que llama, era como un faro. Nadie la podía ignorar.
Pero ella simplemente no estaba. Ni en el aula, ni en el patio, jardín, oficinas, simplemente había desaparecido. “Oh dioses, que no le halla pasado nada”. No. Ese pensamiento no debía estar, no era una opción.
- ¡Amelia! - grité mientras entraba en el baño. Algo que no tendría que haber hecho.
Una Amelia desnuda apareció ante mis ojos. Sólo llevaba ropa interior (de encaje negro, por cierto) y las medias largas hasta las rodillas.
- ¿Qué haces? - me preguntó sin inmutarse por mi presencia. Lentamente caminé en su dirección. Mis manos no se movían. Mejor dicho si lo hacían pero no a mi gusto. Yo no las controlaba. Mi cerebro estaba en blanco. Lo único que veía era su brillante piel crema bañada en la luz del sol.
- Respóndeme - me ordenó. Esa frase no me llegó. Cuando se dio la vuelta yo ya estaba abalanzado sobre ella.