Abrí la puerta de la casa de mis tíos y como siempre me encontraba sola. Mientras que a mi me obligaban a hacer actividades todos los días, ellos salían y disfrutaban el día en familia.
Lo único positivo que encontraba de todo ello, era el hecho de que tenía la casa para mi sola. Aunque como verán, no tenía ningún amigo para invitar y pasar el tiempo.
La casa es asquerosamente grande. La familia de mis tíos consta de mi tía; la señora Alejandra, mi tío; Carmelo y mis dos primos mayores; JC, de 19 años y Lucía, de 24.
Y si, nadie, ninguno de ellos me quería.
Por otra parte no me importaba demasiado, ya que pasaba mis días en la calle, y las noches encerrada en mi cuarto hablando con José.
Nunca entendí como es que José había podido salvarme. Quiero decir, ¿cuanto tenía el cuando me salvo?.. ¿13? Siempre tenía esa pregunta en la cabeza, y el hecho de que siempre estaba igual, nunca envejecía, ni nada. Pero, cada vez que se lo preguntaba, se hacía el misterioso o simplemente me ignoraba.
Era realmente frustrante.
Lo bueno de conocer a José es que se hace nuevas amistades. Se conoce a marginados, los cuales la mayoría de la gente ignora. Son realmente amables y divertidos cuando querías salir con ellos. Pero José evitaba que tuviera cualquier tipo de contacto. Siempre fue demasiado sobreprotector.
Ja, si claro. Creo que en ningun mundo, ni dimensión desconocida, existiría un José tímido. El solo hecho de pensarlo, es una locura.
Las escaleras de mi habitación eran las más largas, ya que me encontraba en el último cuarto de toda la casa. Lo había pintado de una color rosa apagado, el preferido de mi hermanita.
Cuando entré me saque el guante y lo puse en la mesita de luz que se encontraba junto a mi cama. Distraídamente me rasque el tatuaje. Últimamente me picaba. Sobre todo cuando estaba con José y cuando mis pensamientos se desviaban a esos días del pasado. Como que había algo que me estaba intentando de avisar, pero siempre saltaba el tema y no lograba encontrarlo.
Solo se veía humo, y las ruedas de una moto. “José” pensé.
Se estaba acercando y ya lo sentía como parte de mi. Pero eso era imposible. Nunca lo había visto antes. Y ahí estaba ese sentimiento de que algo se me estaba escapando de vuelta.
Ahora lo que haría sería llevarme al hospital. Pero no, este vez solo se acercó a mi y…
Me desperté sobresaltada. Los pitidos de mi celular, tocaban la melodía de una llamada. Mi cuerpo estaba bañado en sudor y lágrimas caían por mis ojos. “¿Qué fue eso?”
Tomé el celular de la mesita de noche y atendí la llamada. Del otro lado se escuchaba el bajo sonido de las bolas de billar chocando entre ellas, y una fuerte música de fondo.
- ¿Qué paso pequeña?- José tenía la increíble capacidad de saber cuando es que algo andaba mal conmigo- ¿Todo bien?
-No- le contesté entrecortadamente- hay algo que me esta molestando y no puedo sacármelo de encima- el tatuaje me seguía picando, era algo realmente molesto, como si me dijera que tenía que guardar silencio- ¿donde estas?
- No te preocupes por eso ahora solo descansa. Por mi parte me encuentro en el Hueco- lo último casi lo gruño. Se escucharon un par de carcajadas de fondo y un sonido sordo. Debía estar jugando al pool.
- Voy para haya. Necesito estar con alguien ahora- le conteste ya poniéndome el guante.
- No -
- ¿No? ¿Como que no? Te dije que estoy yendo para haya José – le contesté. Otra vez me estaba ignorando. Esta sería la última.
- No. Hoy no es la noche para que vengas Camil-
Silencio.... la linea seguia viva
- De acuerdo. Nos vemos mañana- le contesté con el tono más dulce que tenia. Muy pobre si te lo ponías a pensar.
-Camil, no ven….- y le corté.
Ya estaba harta de que siempre me ignorara. Y de que nunca se me acercara. Ya estaba harta de estar alejada de todos, y no poder disfrutar nada por tener cuidado de él.
Hoy el sabría quien soy realmente.