miércoles, 28 de septiembre de 2011

Camil Capítulo 6: Sueños aterradores

Sin darme cuenta, me había sumido en la inconciencia de un sueño aterrador. ¿O era más bien un recuerdo? No lo se. Lo único que sabía es que mi mente me gritaba que me alejara, pero mi cuerpo y mi alma querían acercarse a ese momento. Poder ver realmente lo que paso y no hacerle caso a las historias que me contaron.

Como verán no recuerdo nada sobre ese día. Solamente fragmentos de lo sucedido pero nada definido. El rostro de mi madre, padre y hermana; muertos y sangrando. La agonía de mi cuerpo. El coche en llamas, oscuridad. Pero… justo ahí, había algo que se me escapaba. Algo que debería recordar, pero nunca pude. Una parte que yo no podía alcanzar pero que, sin embargo, siempre aparecía burlándose de mi. Solo hacia falta un pequeño esfuerzo, una fuerza mental suficientemente fuerte coma para poder entrar a esa parte de mi cerebro que tenia almacenado mis recuerdos mas profundos.

El único problema es que ya no podía. Estaba demasiado cansada para mantenerme en pie. La oscuridad me atraía y yo quería aceptarla, como siempre lo hacia y como sigo haciendo. La oscuridad fue mi única amiga en aquellos días oscuros y lejanos. Solo un esfuerzo… un pequeño salto.

Y ahí estaba. Una mano... una mano que apresaba mi garganta, la otra apretando la mía (¿la del tatuaje? No, no... yo en ese momento no tenía ningún tatuaje en mi mano) tanto como para rompérmela. Tanto dolor, una bota pateándome ¿José? No, imposible. Un grito desgarrador de dolor… y luego todo desapareció.

Me levante sobresaltada con el sueño fresco todavía ¿Qué había sido eso? Gotas de sudor gélido cubrían mi nuca y mi cuerpo tiritaba del frío, aunque me encontraba rodeada de calor. Un calor que se movía. Al ir tranquilizando mi respiración, me di cuenta de que alguien se encontraba detrás de mí. Unos brazos me rodeaban y el miedo invadió mi mente. Esos brazos y manos eran las de un asesino y, sin embrago, no podía alejarme de ellas. Baje la vista y vi los tatuajes que rodeaban sus antebrazos. ¿Eran lo de José? Me calmé. José se encontraba contra mi espalda con sus brazos rodeándome. Comencé a recordar todo lo que había pasado en el bar.,… quiero decir SU bar, y bueno, ya no estaba taannn tranquila.

Estaba enojada…. Decir eso era un eufemismo. La respiración de José se mantuvo estable, dándose cuenta a pesar de todo, de mi estado de ánimo. Estaba empezando a ver rojo cuando me di cuenta de que había sangre en sus brazos. Unos pequeños surcos surgían de heridas que tenían forma de media lunas… ¿eso era mío? Pero, otras surgían de raspones y heridas profundas. Tenía magulladuras y moretones por todos lados.

¿Qué le había pasado? Intente darme vuelta pero sus brazos se apretaron aun mas en torno mío. No podía girarme. No podía ver su cara, sus ojos y darme cuenta de qué le pasaba.

- José… suéltame ¿Qué pasa contigo?-

- Solo un rato más Camil. Quédate así un rato mas - Me respondió y se acerco todavía más. “Sip. Gracias libido me ayudas mucho en estos momentos.”

Aproveche la oportunidad para mirar a mí alrededor. ¿Con qué esta era su casa? Crease o no, nunca había estado aquí. José nunca me había invitado y cuando yo se lo pedía, solo decía que no, con una sonrisa fácil y cambiaba de tema.

Pero, ahora que tenía la posibilidad de verla y estar aquí la única palabra para describirla era WOW.

Su casa era enorme. Simple, pero enorme. ¿Era una remodelación de una casa de bomberos? Vi los tubos que iban a la planta baja.. Parece que si. “Genial” pensé. Vi los muebles, senillos. La TV, la cocina. Nada estaba personalizado. Solo, en la parte superior de una cajonera, logre ver unos cuadros con fotos. Algunos eran de él con los chicos (Niki, Bill, Joe), otras eran de él con un hombre mayor y una mujer. “ ¿Tal vez sus padres?” Y al final semi-escondida había una en banco y negro de una chica joven, y muy hermosa. “Demasiado hermosa” ¿Quién era ella? ¿Por qué José tenia una foto de una chica? Y sobre todo ¿por qué en blanco y negros? Ya no entendía nada… necesitaba pensar, necesitaba respuestas.

Como si leyera mi mente, José suspiró; un suspiro largo y de pesar y me giró.

Me quede quieta y la respiración se me entrecortó. Era arrebatadoramente bello, ¿Era eso normal? No, no lo creía. Me miró a los ojos.

- Vamos Camil, di lo que tiene en la cabeza - me retó. Su mirada no se apartaba de mi rostro. Me sonrojé y baje la vista. Peor.. me sonrojé aún mas. José se encontraba sin remera y con unos shorts deportivos. Nada más. Por mi parte, me encontraba sentada entre sus piernas con una camisa demasiado grande para ser mía. ¿El me había…? Oh dios…

- No te ataques Camil. Le pedí a mi ama de llaves que te cambiara la ropa por algo mas cómodo. Aunque no se si prefiero verte con lo que tenias antes o con lo que estas usando ahora.- me dijo con una pequeña sonrisa en el rostro.

- Ya claro- Le conteste. Ya no sabía si era mi cara la que quemaba o la temperatura de lugar había subido.

José sonrío aun más ante mi timidez. “¿Timidez? ¿Quién era yo? ¿Desde cuándo era tímida? me sacudí olvidando todo lo que sentía, pero en ese momento me acorde de algo. Levante la vista, (“Trabajo difícil, chica” me dijo mi mente), hasta que llegué a su pectoral izquierdo, justo encima de su corazón. Mi vista se clavó allí… no había nada. Absoluta y llanamente nada. Solo piel bronceada y nada más. ¡Imposible!, allí estaba mi cruz. Iba a tocar su pecho, pero me detuvo.

- No lo hagas Camil- casi me gruñe

- ¿por qué? – le pregunte- ¿Por qué nunca me dejas acercarme? ¿Por qué siempre me alejas? Dime José ¿Por qué te escapas todo el tiempo? ¿Me tiene miedo, cierto? Dímelo. Contéstame.

-Dioses Camil... No - me dijo José - Eres irritable mujer. ¿De dónde salen esas ideas?-

- ¿Qué quieres que haga? - exploté- Me tratas como si fuese una reina y luego te alejas. Me provocas y luego te alejas. Ya no se que hacer ¿Sabes? Eres un jodido bastardo. Te agrada ver como de a poco me vuelvo loca intentando descifrarte- “Y descifrarme a mi misma” – Mi cabeza es un lío.

Una sonrisa torcida y de comprensión surcó sus labios.

- Eso será por la resaca, pequeña- me dijo. Ya no sabia si reírse o gritarme por lo que había hecho- Se pasó una mano por el pelo, desordenándolo- Mira Camil, mi vida es complicada. No puedo hacer esto. Soy grande ¿Sabes? Y por más que siempre estoy a tu lado en algún momento tendré que irme. Tú ya no me querrás a tu lado.- Me dijo mirándome a los ojos con esas profundas orbes negras.

-Yo no te voy a echar. Eres todo lo que tengo José. No tengo recuerdos de… tu sabes... eres todo lo que me conecta con ello- Le tomé el rostro entre las manos- No me alejes por favor.

- Yo no quiero alejarte Camil, pero hay cosas... cosas que tu todavía no haz resuelto, ni preguntado. Vamos Camil, piensa...-

Y ahí estaba, la pista que necesitaba. Pero mi mente estaba mas halla de todo. Lo único que me importaba era su rostro, sus ojos, como la luz de la luna bailaba sobre él. Luego tomaría en cuentas las consecuencias de mis actos. Ahora lo único que me importaba era él.

Mi rostro se fue acocando al suyo. Dios, realmente lo quería. Realmente quería estar con él. Pero como todo lo que quiero se derruye, yo no podía desear nada. Solo él.

-No, Camil, espera- José me alejó. No, no, no. ¿Por qué? Me estaba alejando otra vez. Ya no podía más. Miré hacia la luna. El cielo se estaba nublando y comenzó a llover, de la nada, derramando lágrimas por mi tristeza, como si sufriera por mí.

Caí sobre su cama. Con el corazón en la mano. Y lloré. Todas las lágrimas, agonía, dolor. Todo comenzó a desbordarse. Me cubrí los ojos con las manos, boca arriba. Mi respiración salía en suspiros entrecortados. Sentí el movimiento sobre la cama y me comencé a hundir. Mi respiraron se comenzó a calmar. Un aliento cálido cubrió mi rostro y unas manos suaves, alejaron los mechones de mi pelo que se habían cruzado por mi cara, colocándolos detrás de mi oreja.

-Camil- susurró, casi atragantándose con las palabras. Había tanto dolor en su voz ¿Era por mi?

No lo miré. No podía. Me encontraba desecha; mi corazón no lo podría soportar más.

José se inclinó sobre mi cuerpo y, de repente, algo suave cubrió mis labios. Me estaba besando. Y era como el hogar. Tenía un sabor suave a menta y cuero. Me paralicé unos segundos, luego le devolví el beso. Era más bien un reencuentro; era una sensación que ya conocía. Entreabrí los labios y lo seguí. El beso se volvió rudo. José me mantenía contra su cuerpo; intentando que no me escapara y que no se escapara él. Se dio cuenta de la fuerza con la que me sostenía y me soltó. Nos recostamos juntos. Otra vez, contra su pecho, tirados sobre la cama, escuchando nuestras respiraciones agitadas y los latidos de nuestros corazones. Su mano cubrió mi pelo, acariciándolo suavemente, mientras yo apoyaba una mano en su pectoral. Se tensó un momento, pero luego se relajó. Me dio un suave y ultimo beso en los labios... Oh tan delicioso, y murmuró un suave “duerme”. Y así como si fuera su deseo y mi cuerpo me obligara a hacerle caso, caí por primera vez un sueño profundo y sin pesadillas. Dejando en los recobros de mi mente, un dato importante algo que me molestaba y que tendría que preocuparme. Algo que tendría que recordar. Pero no lo hacia. Y simplemente… me sumí en un sueño de paz.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Amelia Capítulo 4

Sus labios habían sido suaves como la seda con sabor a chocolate fundido y es ése hermoso perfume de feromonas que era único de ella. Sólo que su beso había sido retenido y casi gruño de la desesperación. “Estúpida Lenia” pensé. De acuerdo, era mi novia, pero sólo estaba con ella para pasarla bien y siempre me arruinaba las mejores partes. Aunque pensándolo bien no me importaría seguir, daría un buen espectáculo.

El mero pensamiento me hizo dar una sonrisa diabólica. Pero no lo haría. Todos los chicos atrás de esa arpía me querían sacar los ojos. Ellos habían confiado en mí para conquistarla y hablarle de ellos, pero los engañé….no pretendía cumplir mi promesa.

Amelia se movió detrás de mí. Seguía apretada entre mi cuerpo, “Dios, qué bien se sentía”, y la pared. Los miraba de reojo, como calculando, “seguro que lo está haciendo”.

-Muévete- me dijo. Inmediatamente todas las células de mi cuerpo me ordenaron seguir su pedido y así lo hice. Todos la miraron embobados “estúpidos” pensé

- Córranse – Amelia imponía su presencia y poder en cada paso que daba. En sus movimientos, en su voz. Se formó una hilera y todos (incluyendo Lenia) se corrieron, permitiéndole pasar. Pasaron tres minutos hasta que desapareció de la vista de todos y el infierno se desató.

Gritos por todos lados, acusaciones, enojos. Todos a mí alrededor me miraban con furia, me gritaban. A lo lejos se oyó decir a Lenia – Es todo suyos.- y se fue cerrando la puerta.

Cinco minutos más tarde aparecí en la clase, Lenia me miraba como si viera un fantasma. El baño era ahora un cementerio, cuerpos rojos y magullados yacían en el piso, treinta con los nudillos rotos y quince noqueados. No era de esperarse otra cosa.

Cansado de estar en ese maldito purgatorio me recosté contra le asiento de mi pupitre. El día que en su comienzo había sido azul sin nubes, y con un sol brillante, se había oscurecido.

Algo está por suceder” Esa frase me daba vuelta en la cabeza, la imagen de mi última batalla apareció en mi mente.

Sangre por todos lados. Los enemigos yendo con pasos inseguros hacia una trampa. Las ramas arañaban su piel, rostro y ropas. Ya no tenían agua ni comida. Los habíamos aislado y ellos habían caído como moscas en las telarañas. Presas fáciles. Todos y cada uno de ellos comenzaron a caer. Empezaron siendo veintiocho para atacarnos, el primer día dos habían sido atacados y cinco habían desaparecido misteriosamente. El miedo había comenzado a surgir y a aparecer en sus rostros. Su aroma entremezclándose con el pavor era un fuerte afrodisíaco para todos lo depredadores de la selva. El ambiente húmedo y caluroso hacía difícil el respirar. Sus fuerzas se agotaban, sus reservas reducidas a la mitad hacía casi imposible la supervivencia. Las desapariciones del enemigo continuaron. Los guardianes ya estaban preparados para la guerra; sus músculos tensados por la anticipación, sus ojos adaptados a la oscuridad, sus bocas abiertas y sedientas de sangre. Hambre.

Habían atacado. Alaridos de miedo se entremezclaron con los gritos de guerra de nosotros, los caballeros. No había tiempo para pensar, sólo actuar. Armas y puños volaban dirigidos a la cara de los adversarios. La sangre manaba de sus cuerpos, dejándolos inertes y tirados en el piso. Los enemigos comenzaban a perecer y la energía de sus cuerpos los abandonaba mientras que nosotros íbamos ganando poder. Triunfaríamos, venceríamos a aquellos enemigos antes de lo esperado y ella nos perdonaría. Nuestra reina, la que nos había desterrado.

Pero una vez guerrero siempre guerrero, no se podía evitar. El último enemigo calló desfallecido. Habíamos triunfado, regresaríamos a nuestros hogares como reyes. Los gritos de guerra y felicidad desgarraron la tranquilidad del ambiente selvático. Pero no acabó ahí. El cielo se tornó oscuro, las nubes negras como manchas en el cielo taparon toda la luz dejando amarga oscuridad a nuestro alrededor. Se hizo un silencio. El viento soplaba y arrastraba la tierra a su paso. Se oyeron voces, pasos, todos entremezclados con los gritos de la muerte. “Se aproximan, ya están cerca”. Nos preparamos para una batalla perdida. Luego los pasos se detuvieron, a diez metros de nosotros. Fuimos aniquilados.

martes, 13 de septiembre de 2011

Amelia Capítulo 3

Fría, la pared estaba fría. El cuerpo de ese bastardo estaba aprisionándome sin dejar un sector expuesto a la calida luz del sol. Y qué cuerpo. Cuando lo vi me hice la desinteresada evitando la vergüenza que sentía al estar ante él desnuda. Hombros amplios, pectorales, abdominales, y bíceps marcados y moldeados por las peleas, no por esas estúpidas máquinas que te sacan músculos. “Sin sentido”.

- Que piel brillante, ¿cómo se sentirá? - estiró la mano. Con delicadeza, como tocando un juego de porcelana, movió ligeramente los dedos por mi cuello, rozando las venas y los lunares a su paso.

- Crema blanca - susurró con voz entrecortada y ronca. ¿Cómo podía hacer eso?. ¿Tocarme después de que le había dado uno beso a su novia? ¿Teniendo novia?

- Mejor que la de tu novia, ¿no? – “¿Celos?, ¿yo? Ni ahí.”

Pestañó, como intentando recordar. Enfermo, no se acordaba de su propia mujer. Me separé de él, empujándolo con fuerza.

- Héchate - le ordené. Inmediatamente se arrodilló y me miró. – ¿Quién crees que eres como para hacerla infiel? No me tocarás, no lo permitiré. No fui y no voy a ser segunda de nadie.-

- Se confunde, yo no estoy con ella - replicó - La veo a veces pero no oficializamos nada. Sólo permítame tocarla más.-

- ¡No! - fue una orden explícita. No lograría romperla y no lo haría.

Dios, ¿por qué me dolía tanto esta soledad?, ¿por qué quería que él me tocara y me diera su calor? “Estúpida” me dije “borra eso de tu mente”. Terminando de colocarme la ropa, me aleje de él y dándole la espalda le escuché decir:

- No me importas tanto como para dejarla-

Seguí caminando, aguantando las ganas de ir y gritarle a la cara. Molerlo a golpes y dejarlo tirado en el piso. Y bien merecido lo tenía. Pero no lo haría, no me rebajaría a ello.

Gimnasia pasó rápido y tranquilo. Me lucí, realmente me agradaban los deportes y soy buena en todos ellos. Básquet, handball, voley, tenis, es algo que me inspira, relaja y desestresa cuestión de que servía a la perfección. La novia de Marco, al contrario era una sufrida. Linda, pero sufrida. Se creía la reina del colegio y jamás movía una uña de manicura para hacer algo para ello. ¿Qué le veía?

Digo, no era la gran cosa, no como yo. Rubia teñida, ropa ceñida al cuerpo, demasiado maquillaje, nada natural.

- ¿Por qué la miras como si estuvieras analizando el modo de matarla?- Salté de mi lugar. Esa chica… un día iba a matarme. Lucía, la que no miraba, la inadaptada social, era ahora mi amiga. - Que furia hay en tus ojos contra Lenia -

- No es furia – le dije “Son celos” Alto… ¿de dónde había venido ese pensamiento? “No, no era mio” pensé. Desechándolos con un movimiento de mi mano miré a Luci. - No me interesa ¡Y no la miro! - a lo lejos se escuchó un “okey”.

Cuando llegó mi momento de batear (si, genios, estamos en beisball) me posicioné a la perfección. Sólo que desde las bancas me gritaban y alguien se posicionó detrás de mí para “ayudarme”. Ehhh.. ¿Perdón?

- Así - me dijo, dejando salir un suspiro entrecortado en mi oído mientras se apoyaba contra mi cuerpo. “Maldito bastardo”. Leandro no dejaba pasar ninguna para acercarse a mí y aprovecharse. Yo le enseñaría.

Retiré el palo para adelante y lo balanceé hacia atrás, directo a su cabeza. Pero antes de que el palo impactara contra su objetivo, Leandro fue retirado y despegado de mi cuerpo enviado por los aires hasta la reja. Marco lo aprisionaba allí. Ya no había nada humano en él.

- Vuelve a tocarla y te corto la mano - le murmuró con los dientes apretados. Mierda, una vez que se hacía una amenaza por parte de un caballero siempre se cumplía.

- Alto - le ordené. Pero no me hacia caso. Oh no, estaba más allá de si mismo. Sus ojos, esos ojos negros comenzaban a teñirse de rojo. “Para” le dije mentalmente, pero no me hizo caso.

Despacio, caminé hasta donde él estaba. Leandro estaba azul; los ojos abiertos permitiéndosele ver toda la parte blanca alrededor de la pupila, levantado a 20cm del suelo por una mano de Marco sujetándolo del cuello.

- Tranquilo - le susurré, acariciándole los brazos suavemente creando una pequeña fricción – todo estará bien – Sus músculos de los brazos tensados a morir iban relajándose de apoco. – No me tocó, sólo se acercó. No pasó nada. Vamos Marco sólo suéltalo.-

- Pero te tocó. Te respiró en el oído, ha inhalado tu aroma. No lo quiero en su cuerpo.- casi rugió las palabras tensándose de nuevo.

- No, no lo ha hecho. Sólo suéltalo y hablemos – aceptando mis palabras con las cuales había utilizado el tono más suave que tenía pero jamás había dicho por favor. No me rebajaría a hacerlo ni por la vida de alguien.

Lo mantuvo unos minutos más, luego lo dejó. Arrojándolo en el camino al piso, luego me miró. Su mirada ya no mostraba furia, sino determinación. Salió volando a por mí, me agarró de las piernas y colocándome sobre sus hombros, me cargó hacia la escuela. Al baño otra vez.

No, no, no, no “sisisisisis”, mi cuerpo traicionero a mi mente permitió que me arrastrara hacia la pared. Allí me miró a los ojos con descaro ansiándome. “Imbécil”, antes de que pudiera reaccionar ya estaba sobre mi boca. Su sabor era decadente. Sabía a lluvia madera y hogar. Nada se asemejaba a ello. Rugió, realmente lo hizo.

Sólo sus manos fueron dulces colocadas en mi pelo y en mi nuca. Su boca asaltaba la mía sin darle descanso, para luego deslizarse por mi mejilla hacia mi oreja. Allí inspiró mi olor dilatándose las aletas de su nariz. Susurró una incoherencia y suspiró enviando un escalofrío por mi columna. Una ola de furia invadió mi cuerpo. ¿Qué estaba haciendo? Dejándome tocar por un guardián después de lo ocurrido con Lucas. No, esto no era igual pero no lo haría. No lo permitiría.

- Ah, mira a quienes tenemos aquí - Miré a la puerta, la estúpida de Lenia estaba parada, apoyada contra el marco de la puerta y todos los hombres del grado detrás de ella…

Amelia Capitulo 2

Piiip, Piiiiiip. “Molesto” fue la primera palabra que le vino a Marco a la mente.

Maldito despertador” pensé levantándome de la cama y vistiéndome. Al fin había llegado Amelia. Anarquía como me había obligado a llamarla. Por dios… en el siglo XIV se le decía así, ya nadie usaba ese nombre.

Esa chica…. Insoportable era la única palabra que la describía a la perfección y, sin embargo… esa imagen de ella por primera vez era exquisita. Todo en ella lo era. Su olor, su cara, su cuerpo, su mirada… te perdías en ella y ya no podías pensar en nada. Entonces su poder había salido y las ganas de tocarla se habían incrementado.

Ya había pasado una semana desde que vino y todos, absolutamente todos, se quedaban babeando viéndola caminar.

“¿Qué estoy diciendo?” pensé “ella es mi ama, la que me enjauló. No puedo sentir alegría al verla. Simplemente sádico este pensamiento.”

Por suerte ese día en la escuela transcurrió todo normal. Bueno, a lo que se le puede decir normal. Fui casi arrastrado por los chicos ni bien llegué al colegio (yo lo llamaría purgatorio) Qué fuerza tenían últimamente. “Parece que se han estado ejercitando para gustarle a Amelia” pensé y un sentimiento de ira se apoderó de mi alma. Lo evité al instante.

-Marco, ayúdanos tío- me dijo Adrián. “¿Ahora qué querrán?” – Necesitamos ayuda para con Amelia. Estamos desesperados. A ti es al único al que le habla y escucha, se ríe y todo con nosotros pero no nos toma en cuenta – “Ja, si ellos supieran la verdad” me reí interiormente evitando que todo signo de burla saliera a luz.

- ¿Y qué quieren que haga?-

- Nada, sólo que le hables bien de nosotros y puedas hacer que pase mas tiempo con los chicos – “Si claro, cuando el infierno se congele”. Me levanté y mientras me alejaba les fije:

-Yo me haré cargo - Nadie más me siguió.

Genial. Me tenía que encargar de Amelia y encima cuidarla de los tarados acosadores. “Busquémosla”.

-Hola Marco - esa voz.. .. ¿De quien era? … ahh si, esa humana.. ehh ¿Lenia?

-Ei.. ahora no puede. Despues- Le di un suave beso en los labios, solo fugaz. Para que se mantenga”. Vi un movimiento fugaz por el rabillo de mi ojo. Simplemente un cambio de luz. No lo tuve en cuenta, y segui con mi objetivo

Seguí buscando a Amelia, todavía sintiendo el ceño fruncido de esa chica.

No tendría que ser tan difícil con toda la atención que llama, era como un faro. Nadie la podía ignorar.

Pero ella simplemente no estaba. Ni en el aula, ni en el patio, jardín, oficinas, simplemente había desaparecido. “Oh dioses, que no le halla pasado nada”. No. Ese pensamiento no debía estar, no era una opción.

- ¡Amelia! - grité mientras entraba en el baño. Algo que no tendría que haber hecho.

Una Amelia desnuda apareció ante mis ojos. Sólo llevaba ropa interior (de encaje negro, por cierto) y las medias largas hasta las rodillas.

- ¿Qué haces? - me preguntó sin inmutarse por mi presencia. Lentamente caminé en su dirección. Mis manos no se movían. Mejor dicho si lo hacían pero no a mi gusto. Yo no las controlaba. Mi cerebro estaba en blanco. Lo único que veía era su brillante piel crema bañada en la luz del sol.

- Respóndeme - me ordenó. Esa frase no me llegó. Cuando se dio la vuelta yo ya estaba abalanzado sobre ella.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Camil Capitulo 5: La cruz

“¿Soy yo o la temperatura subió?”.. Me quede mirando a José, mientras que me estrechaba entre sus brazos a medida que la canción pasaba. Esos brazos… esos duros y fuertes y apetecibles….. “Si, definitivamente soy yo”

Ya me había olvidado el porque me tenia que alejar de José, porque estaba enojada con él. Lamentablemente mis manos no siguieron el mismo consejo que mi cerebro y empezaron a recorrer su cuerpo. La remera de manga corta que tenia se le aferraba a esos músculos de muerte que yo ya había visto más de una vez y los pantalones sueltos negros que le llegaban justo por enzima de la cadera eran un sueño.

Mi cerebro comenzó a convertirse en una masa gelatinosa. No se si era por el humo o por los tragos que había tomado, pero ya no podía pensar coherentemente.

- Dime Camil, ¿qué ronda por esa dulce cabecita tuya? – José era implacable a la hora de leer mis pensamientos. Era como si el estuviera en sintonía con mi mente y pudiera leerme como un libro abierto.

- Ya que eres tan bueno en todo, porque no intentas adivinar lo que pienso- le reté. Una risa torcida cuervo sus labios, haciéndome saber que había sido una mala elección.

- Dejame ver.. Debes estar pensando en lo bien que te sientes junto a mi ¿no es cierto? – Y para enfatizarlo acerco mas su cuerpo al mío, estrujándome entre esos brazos de hierro.

- Frío, frío – le dije, mientras que mi cerebro grita eufóricamente MENTIROSA. – Entonces.. Dime ¿te diviertes teniendo tu propio club no es cierto? –

La sonrisa que momentos antes habían curvado sus labios comenzó a convertirse una mueca de disgusto.

- Camil te dije miles de veces que no vinieras. ¿Para qué te acercas a mi bar?, solo para molestar a mis compañeros con toda esa ropa y ese cuerpo provocativo tuyo ¿no es cierto? –

- Disculpa, ¿me estas diciendo puta?. Pero que te pasa. Momentos antes me alabas y ahora me tratas como una zorra cualquiera. Habla por tus amigas en todo caso que no pueden apartarse de tu cuerpo ni un segundo- le conteste agriamente. ¿Qué se pensaba?

- Medio irónico, diciendo eso cuando estas tan pegada a mi que se podría decir que eres parte de mi cuerpo- se rió bajito, junto a mi oreja como si nada – Sabes Camil tu tendrías que……-

No termino la frase. Mi puño derecho voló a su estómago evitando que continuara hablando tragando aire. “Uahhh si que tenia fuerza

- Off eso casi lo sentí Camil, casi – Otra vez se reía de mi, era increíble.

De repente se escuchó un ruido sordo que atravesó a la multitud, seguido por gritos agudos y una serie de maldiciones. ¿Y eso?. Miré a José esperando respuestas, pero su cara se había convertido en un muro impenetrable. Otra vez se estaba cerrando y alejándose de mi lado.

- Es hora de irte a dormir Camil – me dijo José. Le iba a contestar. No tenia sueño ¿por que tenia que irme a dormir?. Pero de repente un sueño profundo me embargó. Tanto que no podía abrir los ojos - No te preocupes pequeña yo te cuidaré-

- José, espera no quiero ir a lo de mis tíos. Por favor, tan solo no ahí esta noche-

-Shhh, calma…- ya no pude escuchar mas, entre los gritos de la gente, la música y el sueño que me reclamaba, mi cuerpo se separó de todo y me llevó a la fantasía.

Sin embargo, recuerdo que antes de padecer ante la oscuridad, unos ojos profundos negros me miraban intentando encontrar alguna reacción que determinara que algo andaba mal. Me escaneaban el alma. Mi mano fue a la remera de José agarrandome de ella mientras que este me impulsaba y me llevaba en brazos hacia la salida.

Recuerdo haber escuchado una orden seca. Recuerdo haber oido una respuesta. Recuerdo que mi mano se empezó a resbalar de la remera de José, haciendo que esta última se deslizara un poco. Y justo ahí…..recuerdo haber visto una cruz de ocho puntas, igual a la mía, grabada en el pecho de José.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Amelia Capítulo 1

Como dije voy a un colegio, al Saint Marie, donde iba a pasar mi primer día. Genial, gente desconocida mirándome. Más mierda en mi vida. No se podía decir que era una chica fea, era una típica chica con cabello azabache como la noche sin estrellas, ojos azul zafiro y la piel cremosa y blanca como la nieve. De acuerdo, tal vez no era la típica chica, pero si en Rumania, lugar de mi nacimiento. Pero si, era bien linda pero bastante cerrada. Mi pasado no era algo que me enorgulleciera, por eso lo mantenía en secreto.

¡Mierda! Llegaba tarde. Peor todavía, ya ero lo suficientemente malo cuando se me quedaban mirando con la boca abierta. Un poco más y babeaban. ¡Qué asco! Llevaba un conjunto de jeans azul y camiseta negra para lograr pasar desapercibida. No era mi forma de vestir, eso te lo diría mi armario pero era, nada más, para causar una buena primera impresión. Llegué a la puerta y me detuve. Respiré, una, dos veces y entré.

Luego…nada. Bien, por lo menos esta vez no gritaron.

Los ojos abiertos como platos, sus bocas parecían O gigantes, donde yo podía meter mi puño. Paso, paso, retumbaban en el suelo. Miré al profesor. Igual de quieto que los demás. Qué silencio.Un escalofrío me recorrió la espalda. Miré al frente y mi mirada se entrecruzó con la de él. No, no, ¿Por qué? ¿Por qué estaba él en un lugar como este?

- Caballero - murmuré, mi voz entrecortada por la emoción de la desdicha. Me miró. Me estaba sonriendo. Se burlaba de mí, de Anarquía. Iba a pagar por ello.

- Responde a mi saludo – le dije con voz fuerte. Todos seguían en el estupor de haber visto mi rostro. Algunos parpadeaban como queriendo salir del trance.

- ¿Anarquía de Blotter? - me respondió y frunció el ceño. Bien, sonreí, esa era la respuesta adecuada.

- Bien – contesté en voz alta, mas para mí que para alguien más. Comencemos -Hola a todos.- dije – Profesor, si se me permite voy a comenzar – que fea voz, odiaba usarla pero era indispensable, pues sería inapropiado usar la mía verdadera. Si lo hacía, algo malo ocurriría.

- Mi nombre es Amelia de Blotter, tengo 17 años y vengo de Rumania- algunos ya comenzaban a actuar normalmente y se sonrojaban.

-“Qué hermosa que es”- pensaban -“la chica perfecta para mi”- típico pensamiento de hombre, sin embargo las chicas…Ya había ganado diez enemigas. Todas y cada una de ellas me odiaban sin excepción.

Que deprimente, típico pero deprimente. Sólo había una que no lo hacía, o eso parecía pero ni siquiera me miraba. Que más daba. El profesor decidió reaccionar en ese momento y me dijo balbuceando:

- H-Hola, bienvenida- “qué pequeña que es” pensó – Es una placer tenerte con nosotros- y me sonrió. Oh, maravilloso ya teníamos a alguien más en la lista de hechizados.

-Mmm… ¿En dónde estaba? Ah si, en la presentación…- Como no dije nada y se formó un silencio forzado esperando mi respuesta y yo sin darla, me pidió que me fuera a sentar. Busqué el asiento con la mirada. “Perfecto” pensé. En la esquina más alejada, pegada a la ventana había un pequeño banco blanco. Me dirigí a mi asiento pero…. me detuve. Sonreí.

-Caballero, mi silla – Él, se levantó de su asiento todavía con el seño fruncido y me retiró la silla. Me senté y con un asentimiento de cabeza le indiqué que volviera a su lugar.

Todos se quedaron pasmados mirándome como si fuese un extraterrestre y a él con ojos llenos de furia. Para aclarar las cosas les dije encogiéndome de hombros:

-Personal….-

De acuerdo, tal vez no aclaré mucho pero no iba a explicar mi situación a menos que sea necesario.

A partir de ello todo siguió normal, otro efecto causado por no ver mi rostro. La clase que daba el profesor (¿Cuál era su nombre?…A, si William, ¿ése era?) era historia, simple, básico. Técnicamente me la pasé mirando por la ventana así que no escuché mucho de lo que decía. Nada importante en sí veía. Las horas pasaron. Un logro por así decirlo.

Luego de la cuarta hora me aburrí, así que decidí tomarme un receso. Agarré mis cosas, pasé por la puerta y me detuve. Su presencia estaba allí, a tres pasos de mí. Me giré y lo miré. Era alto (1,80m) rubio como el sol y profundo ojos negros como abismos. Todo en su cuerpo irradiaba guerra y peligro. Vistiendo unos jeans holgados y una musculosa gris ceñida a los músculos de su cuerpo.

-Mi caballero a salido de la jaula – le dije riéndome de él – que cuerpo raro y apetecible que has decidido colocarte. Me agrada, tienes mi consentimiento -

- Amelia, le agradecería si no me llama caballero en su estadía en este colegio – me dijo apretando los dientes ante la necesidad de tocarme. Levantó la mano intentándolo pero la colocó inmediatamente al lado de su cuerpo – En este sitio nadie me conoce por ese nombre, todos me llaman Marco –

- Mmm...claro que nadie te conoce, – le contesté con una sonrisa – todas tus hazañas y matanzas que has realizado no son conocidas en este lugar…. De acuerdo – cambiando mi tono de voz imponiendo mi voluntad, continué – pero tú me llamarás Anarquía y me tratarás como se debe hacer y como lo hacías, pues así lo deseo –

- Pues si ese es su deseo, así será – me contestó. Y así sería, yo no dejaría que él lo olvidara. Esa frase dio paso a un recuerdo. Oh no, por favor.

Lucas mi antiguo guardián y novio asesinado por su deseo. Su cuerpo desmembranado, la sangre corriendo, todo rojo, muerte…Me di la vuelta y corrí, evitando el recuerdo y dejando a un Marco con ojos entrecerrados mirándome, sospechando. Dioses, por favor que no se de cuenta. No esperé a escuchar frase alguna de él. Desaparecí, terminé en mi casa, ya sin ganas, ni fuerza para seguir. Y simplemente… grité. Un grito escalofriante, era un grito que ni siquiera yo conocía y sospechaba que era un de venganza, rencor, ira y guerra. Mi grito perforó las paredes, llegó hasta el mismísimo centro de la tierra y volvió. Luego desapareció. Después de eso caí desfallecida en el suelo.



Hola a todos.. esta es una nueva historia en la que estoy trabajando (tambien romantica, no tengo arreglo) y me gustaria sus opiniones. Se que ahora no tiene mucho sentido pero a medida que se desarrolla lo van a comenzar a entender y la van a amar tanto como yo.

saludos a todos

2º Amelia de Blotter

Prefacio


Mi nombre es Amelia, y ésta es mi historia. Sinceramente no se cómo pasó. Soy como toda chica normal; voy a un colegio, tengo ex novios, 17 años, entre otras cosas. Entonces ¿Por qué me pasa esto nada más a mí?

Ah si, por el maldito destino. Es verdaderamente un dolor de cabeza. Y ahora entenderán por qué…. Ni me pregunten como llegué a esta situación. Sólo diría que fue una estúpida coincidencia y que jamás pasó. Qué mentira, ni siquiera yo misma me creo. Todos los hombres se quedaban mirándome, babeando al verme pasar. Pero cuando él decidió ignorarme y no me miró de vuelta, mi cabeza estalló y con ella mi cordura.

Entonces la caza dio inicio.

Dios, si no lo hubiera visto esto no estaría pasando, pero creo que valió la pena. Puede ser…… tal vez.

Siempre me pregunté por qué razón las cosas se dan así. Algunos me dirían que es el destino, otros que porque sí y otros (los mas sádicos) porque la vida es cruel. Yo, por mi parte pienso que lo que nos ocurre y lo que nos ocurrirá si puede ser modificado. No escribieron nuestra historia en una hoja de papel y así se quedó, y ésta, por más que algo suceda, debe ser obedecida a pie de letra. Yo soy la prueba viviente de que todo eso es una mentira. Yo fui quien sobrevivió, quien persistió y ganó después de todo este tiempo. Yo soy lo que nadie puede, pero quiere ser.

Yo soy ANARQUÍA

martes, 6 de septiembre de 2011

Libre Albedrío

Algunos lo han llamado el mayor regalo otorgado a la humanidad. Es nuestra capacidad para controlar lo que nos ocurre y exactamente cómo nos ocurre. Somos los dueños de nuestro destino y nadie nos puede imponer su voluntad a no ser que nosotros lo permitamos.

Otros dicen que el libre albedrío es un mito de mierda. Que tenemos un destino predestinado y no importa lo que hagamos o lo duro que luchemos, que en la vida nos pasará exactamente lo que está destinado a suceder. No somos nada más que peones para un poder superior que nuestros pobres cerebros humanos aún no pueden comenzar a entender o comprender. Por ejemplo el destino es un tren de mercancías rodando con un rumbo establecido que sólo el conductor conoce. Cuando llegamos en nuestro coche al paso a nivel, podemos elegir detenernos y esperar a que el tren pase de largo, o tratar de continuar delante de él y ganarle a ese chico malo.

Esa elección es nuestro libre albedrío.

Si decidimos apresurarnos por delante, el coche en el que estamos podría detenerse sobre las vías. Después podemos elegir intentarlo y poner en marcha el coche o esperar a que el tren nos arrolle. O podemos salir del coche para correr y luchar contra el destino del tren estrellándose contra nosotros y matarnos donde estamos. Si elegimos correr, nuestro pie podría quedarse atrapado en las vías o podríamos resbalar y caer.

Incluso, podríamos decirnos a nosotros mismos, "no hay manera de que sea lo suficientemente estúpido para luchar contra el tren" y retrocedemos a esperar con seguridad. Entonces, lo siguiente que sabemos, un camión nos golpea desde atrás, arrojándonos directamente sobre la ruta del tren.

Si es nuestro destino ser golpeados por el tren, seremos golpeados por el tren. Lo único que podemos cambiar es cómo el tren nos convierte en polvo.Yo personalmente, no creo en esta basura. Mi punto de vista: yo controlo mi destino y mi vida.

Pobre del que intente cambiarlo

lunes, 5 de septiembre de 2011

Camil Capítulo 4: El Hueco

Me calcé unas botas de vaquero hasta la rodilla, un short de jean desteñido, demasiado corto; que no dejara lugar a la imaginación, y una linda remera negra, cortada hasta la cintura. El aro en mi ombligo brilla y destilaba color como un millón de diamantes. “Hoy no se me podrá negar”. Con el guante listo en su lugar, caminé hacia la puerta de la habitación y la abrí para irme.

Justo cuando la abrí. En el marco de la puerta, se encontraba JC. Me miró de arriba abajo. Una torpe sonrisa, con un intento de ser sexy, se dibujo en su rostro.

- Linda ropa prima- me dijo

- Feo rostro primo – le contesté, mordazmente.- ahora, aléjate de mi antes de que te pegue donde mas te duele-

- Me parece que no. No creo que mi madre te deje salir, y menos con esas ropas. Aunque yo diría que no te quedan nada mal.-

-Vete. No se si no te acuerdas pero somos primos- le conteste con cara de indiferencia mientras se acercaba a mi.

- Si se te olvidaba, soy adoptado. Así que técnicamente, puedo hacer lo que quiera contigo-

- Si se te olvida, eres un asco…- aunque eso sería mentir. Sus pelos alabastros y sus ojos azules hacían que muchas mujeres caigan a sus pies- ..y si no te vas le diré a la tía sobre el tatuaje que te hiciste en el tobillo sin su permiso – le contesté con una sonrisita.

Su cara de felicidad, decayó un momento. Pero luego se reincorporó.

- Lo siento no se de que me hablas. Ahora si me permites, me voy. Nos veremos la próxima, Camil-

Y diciendo eso se fue. Era de esperarse de él ya que nunca admitía la derrota y antes de hacer cualquier cosa analizaba concientemente la situación.

Lo que si, era raro el hecho de que él negara tener un tatuaje. Yo misma se lo vi, la noche que se lo hizo.

Estaba realmente ojeroso y tenía una cara de sufrimiento extremo. Paso por al lado mío sin decir palabra alguna, y se escabulló a su cuarto.

Eso había sido una noche realmente extraña. Lo primero que había pensando era que estaba tomado, o incluso drogado. Pero no parecía ser así. Era bastante conciente de lo que hacia.

Pensando en lo que había dicho me metí en mi cuarto. Lo más probable era que me cruzara con alguien más en el camino hacia la puerta.

Levanté la ventana de mi habitación que daba hacia la calle. Justo al lado de ésta se encontraba un enorme árbol de magnolias, que había sido partícipe de todos mis escapes para encontrarme con José en la noche. Hoy sería mi amigo una vez más.

Salté a la ventana, y de allí al árbol. Descendí por este y cuando logré tocar el césped, salí disparada calle arriba.

El Hueco quedaba a tres manzanas de “mi” casa, así que no me haría nada caminar. Lo bueno es que ya no había gente en la calle. Era principios de marzo y las clases estaban a tres días de su inicio. La gente solía acostarse temprano para madrugar al otro día y comprar todo lo que necesitaban.

Al llegar a la puerta del Hueco, la música retumbaba y rezaba una canción de los ACDC.

- Identificación- me dijo el gorila. Lo miré mejor y vi una sonrisa petulante en su rostro. En seguida caí en la cuenta de quien era. Estiré la mano y le di un manotazo en el medio de su amplio pecho.

- Deja de jugar Niki, realmente me asusté- le dije al gorila y mi amigo Nicolas. Odiaba que le digan Niki, pero a mi me lo perdonaba, incluso le gustaba. Esta noche usaba pantalones negros de jean y una camisa blanca semi abotonada.

- ¡Eh Camil! – me dijo con una sonrisa brillante que se le reflejaba en los ojos. - ¿Qué haces por aquí? ¿El grandulon te permitió la entrada?- Por grandulón se refería a José y si, odiaba ese apodo.

- Sip, hoy es el gran día Niki- le mentí.- así que ¿puedo pasar? – le pregunté con una sonrisa en el rostro.

- Claro, nena. Que bien que estas por cierto- me dijo guiñándome un ojo, y acomodándome uno de mis cabellos que se había salido de la cola de caballo en la que estaba – Adelante, y guárdame una canción para mi ¿si?-

- Claro Niki, ni lo pienses – le contesté juguetona y entré.

El humo que había en el Hueco enseguida me llenó y la primera palabra que se me vino en la mente fue Hogar. Al fin un lugar en donde podía estar sin preocupación y sin ningún perjuicio.

Me acerque a la barra y le pedí al barman un vodka.

- Ehi Camil, al fin te dejo el grandote entrar al Hueco- en eso miro detenidamente al barman y me doy cuenta de que era Bill. El grande y tonto Bill.

- Bill ¿Qué haces aquí?, ¿que todos los chicos trabajan en el Hueco ahora?- le pregunté.

- Y como no. Quiero decir si el Hueco le pertenece al grandote, no le quedaba otra- me dijo y al ver mi cara de consternación se calló.

¿José era dueño del lugar? ¿Desde cuando? ¿Por qué nunca me lo dijo? Ohh había cosas que iba a tener que responder.

- Pásame el maldito vodka Bill- le dije casi con un gruñido.

- A la orden jefa- me contestó y rápidamente salio a servirme el trago.- por cierto estas bastante bien hoy, Camil. ¿José sabe que estas vestida así?- me preguntó.

Después de darle una sonrisa juguetona y de beberme de una el trago, pidiéndole otro, le contesté

- Vamos a molestarlo un rato ¿si?-

Me devolvió una sonrisa malvada, y me dijo

- Tu cuando quieras. Solo dame la señal y allí estaré – y me entregó el trago- Ah, para que lo sepas esta en las mesas de pocker.

Tome el trago en la mano y me despedí con una señal de la cabeza.

La barra estaba en el medio de una enorme pista de baile, donde las parejas se movían al son de la música y gruñían la letra de la canción.

Subiendo por una escalera se encontraban las mesas de pocker y al lado de ellas las de pool. Viendo donde José estaba, me dirigí hacia una de las mesas. Agarré un taco, agarré las bolas y colocándome para tirar, rompí.

Joe, otros de los amigos de José que era el que peor me caí por sus comentarios, me estaba mirando desde la otra punta, cerca de mi mesa. Viendo por el reflejo de un vidrio que José me había visto y se estaba asegurando de si era yo, y como carajo había llegado a su club, levanté un dedo hacia Joe y le señale que viniera a jugar conmigo.

“Muérete, grandote” pensé.

Joe estuvo al lado mío y lo recibí con un fuerte abrazo para provocar la furia de José.

- Vamos a jugar- le dije a Joe.

Los chicos (NiKi, Bill, Joe y José) formaban una banda en su escuela. Sip, todos son unos brutos jóvenes de 19 años. Era bastante conocida en los alrededores del pueblo y se hacían llamar a ellos mismos “Las ocho puntas”. Bastante ridículo para un grupo de adolescentes pero, por lo que sabía, se hacían respetar. Por otra parte sigo pensando porque se llaman las ocho puntas si son 4. Esa es otra cosa de las cuales José tendría que hablar.

Me incliné sobre la mesa esperando que José me estuviera viendo. Se escucharon una serie de gruñidos de apreciación por parte de los hombres que ocupaban la sala. Con un suave y fluido movimiento metí la bola en su lugar.

El juego pasó bastante rápido, José ya no jugaba mas al pocker, solo se sentó en la mesa y se dedicó a mirarme. Yo por mi parte decidí seguir provocándolo, coqueteando con los demás, inclinándome a la mesa, acercándome más de la cuenta a Joe, y bailando al son de la música.

Cuando terminó el partido me acerque hacia Joe para darle la mano. El la tomo, y colocó un sonoro beso en la palma de la misma. Huac! Que asco. Aunque, lo mas raro es que besó la mano del tatuaje, y cuando sus ojos se conectaron con los míos, el tatuaje comenzó a picar. Me separé de él.

Lo escudriñé con la mirada, y sin decir nada di la vuelta y me fui.

Mi mirada se dirigió instintivamente a la mesa de pocker, donde José estaba sentado. Pero al no verlo, comencé a buscarlo alrededor del club

En mi camino hacia la pista me choqué con la imagen de él sentado en una mesa. Lo peor de todo fue ver a la mujer que estaba sentado sobre el y hablándole. Estaba sentada en el mismo lugar donde José siempre me colocaba cuando estaba triste. “Véngate” dijo una vocecita en mi cabeza. El tatuaje me picaba más de la cuenta, tanto que ardía. Tomé una copa que había sobre la mesa de unas chicas y la bebí de un trago. “Eso es exactamente lo que haré”

Salté hacia la pista, el Dj colocó una canción de baile pegado, lento y sensual. “Justo lo que quería”. Parecía que el destino me estaba sonriendo esta noche.

Me dirigí a la barra y grite:

- Eh Bill, ven-

Bill, con un brillo en los ojos dejo la barra. Le gritó una orden a un joven camarero para que se encargará y se volvió hacia mí.

Antes de que llegara ya me había empezado a mover. Los gritos y vítores de los hombres se escuchaban a lo lejos. Por mi parte estaba concentrada en dar un buen espectáculo.

Ni bien Bill se acerco subí mis manos por su pecho, hasta llevarlas por arriba de mi cabeza. Moví mis caderas al son de la música sin reparar en nada más que la letra de la canción. Me sentía suave, como si flotara dentro de un mar de seducción.

Bill por su parte comenzó a moverse, agarró mis manos y las colocó alrededor de su cuello, provocando que nuestros cuerpos se pegaran.

- Vamos a hacerlo enloquecer, ¿si, Camil? – me preguntó Bill. Guiñándome un ojo, he hizo una seña por encima de mi cabeza.

De repente siento unas manos que recorren mi espalda, deslizándose desde mi cintura hacia mi cadera.

- Camil, Camil, Camil. Es hora de cobrar mi baile pequeña – susurró Niki en mi oído

La música continuaba y cada vez estaba más embriagada de la sensación de ensueño que sentía. Los cuerpos, en la pista de baile, se movían a la par de la música. Niki y Bill comenzaban a acercarse cada vez más, y más. Bill me volteó, dejando toda mi espalda pegada a su amplio pecho, mirando hacia Niki. Niki comenzó a inclinarse y justo cuando su boca estaba a centímetros de la mía… salió disparado por los aires, cayendo con un profundo sonido a crujido, sobre el suelo de la pista.

Levantó la cabeza y un suave sonido a queja salieron de sus labios, los cuales se encontraban sangrando. Bill comenzó a alejarse pero fue interrumpido en su retirada por un amplio pecho con cazadora.

- Aléjense. No se le vuelvan a acercar – José estaba furioso, y sus ojos negros parecían desprender rayos rojos en dirección a Niki y Bill.

- Cálmate grandote solo estábamos bailando- le dije, con un tono de acides en mi voz.

- No me importa- me dijo, y miró en la dirección de Bill – no se le vuelvan a acercar. Ni para hacer una broma. ¿Entendido?-

No escuché muy bien pero creo que un leve “Si Señor” salió de los labios de Bill y Nicolás.

Ambos se fueron, dejándome a merced del enorme monstruo con ojos negros. Si, claro

- ¿y a ti que te pasa? – le pregunté, empujándolo por los hombros. Y ni un centímetro se movió.

José me agarró por la cadera antes de que pudiera irme y me pegó a su cuerpo.

- Tu querías bailar- farfulló- pues bien. Bailemos

Increíblemente la música paso de rápida a lenta. Gracias destino. Esto era horrible. Yo no quería bailar con él. Yo estaba enojada con él.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Camil Capítulo 3: El olvido

Abrí la puerta de la casa de mis tíos y como siempre me encontraba sola. Mientras que a mi me obligaban a hacer actividades todos los días, ellos salían y disfrutaban el día en familia.

Lo único positivo que encontraba de todo ello, era el hecho de que tenía la casa para mi sola. Aunque como verán, no tenía ningún amigo para invitar y pasar el tiempo.

La casa es asquerosamente grande. La familia de mis tíos consta de mi tía; la señora Alejandra, mi tío; Carmelo y mis dos primos mayores; JC, de 19 años y Lucía, de 24.

Y si, nadie, ninguno de ellos me quería.

Por otra parte no me importaba demasiado, ya que pasaba mis días en la calle, y las noches encerrada en mi cuarto hablando con José.

Nunca entendí como es que José había podido salvarme. Quiero decir, ¿cuanto tenía el cuando me salvo?.. ¿13? Siempre tenía esa pregunta en la cabeza, y el hecho de que siempre estaba igual, nunca envejecía, ni nada. Pero, cada vez que se lo preguntaba, se hacía el misterioso o simplemente me ignoraba.

Era realmente frustrante.

Lo bueno de conocer a José es que se hace nuevas amistades. Se conoce a marginados, los cuales la mayoría de la gente ignora. Son realmente amables y divertidos cuando querías salir con ellos. Pero José evitaba que tuviera cualquier tipo de contacto. Siempre fue demasiado sobreprotector.

Ojala siempre estuviera con él. Pienso que el conoce mis sentimientos pero prefiere ignorarlos y seguir como amigos. ¿Será tímido?..........


Ja, si claro. Creo que en ningun mundo, ni dimensión desconocida, existiría un José tímido. El solo hecho de pensarlo, es una locura.

Las escaleras de mi habitación eran las más largas, ya que me encontraba en el último cuarto de toda la casa. Lo había pintado de una color rosa apagado, el preferido de mi hermanita.

Cuando entré me saque el guante y lo puse en la mesita de luz que se encontraba junto a mi cama. Distraídamente me rasque el tatuaje. Últimamente me picaba. Sobre todo cuando estaba con José y cuando mis pensamientos se desviaban a esos días del pasado. Como que había algo que me estaba intentando de avisar, pero siempre saltaba el tema y no lograba encontrarlo.

Me tiré sobre la cama y cerré los ojos intentando que los sueños agradables que, pocas veces solía tener, aparecieran y lograran apaciguarme.

Pero como siempre, lo primero que soñé no fue nada agradable. Mi cuerpo se encontraba entumecido, tirado sobre la acera y la sangre caía sobre mi cabeza.

Solo se veía humo, y las ruedas de una moto. “José” pensé.

Se estaba acercando y ya lo sentía como parte de mi. Pero eso era imposible. Nunca lo había visto antes. Y ahí estaba ese sentimiento de que algo se me estaba escapando de vuelta.

Ahora lo que haría sería llevarme al hospital. Pero no, este vez solo se acercó a mi y…

Me desperté sobresaltada. Los pitidos de mi celular, tocaban la melodía de una llamada. Mi cuerpo estaba bañado en sudor y lágrimas caían por mis ojos. “¿Qué fue eso?”

Tomé el celular de la mesita de noche y atendí la llamada. Del otro lado se escuchaba el bajo sonido de las bolas de billar chocando entre ellas, y una fuerte música de fondo.

- ¿Qué paso pequeña?- José tenía la increíble capacidad de saber cuando es que algo andaba mal conmigo- ¿Todo bien?

-No- le contesté entrecortadamente- hay algo que me esta molestando y no puedo sacármelo de encima- el tatuaje me seguía picando, era algo realmente molesto, como si me dijera que tenía que guardar silencio- ¿donde estas?

- No te preocupes por eso ahora solo descansa. Por mi parte me encuentro en el Hueco- lo último casi lo gruño. Se escucharon un par de carcajadas de fondo y un sonido sordo. Debía estar jugando al pool.

- Voy para haya. Necesito estar con alguien ahora- le conteste ya poniéndome el guante.

- No -

- ¿No? ¿Como que no? Te dije que estoy yendo para haya José – le contesté. Otra vez me estaba ignorando. Esta sería la última.

- No. Hoy no es la noche para que vengas Camil-

Silencio.... la linea seguia viva

- De acuerdo. Nos vemos mañana- le contesté con el tono más dulce que tenia. Muy pobre si te lo ponías a pensar.

-Camil, no ven….- y le corté.

Ya estaba harta de que siempre me ignorara. Y de que nunca se me acercara. Ya estaba harta de estar alejada de todos, y no poder disfrutar nada por tener cuidado de él.

Hoy el sabría quien soy realmente.