Como dije voy a un colegio, al Saint Marie, donde iba a pasar mi primer día. Genial, gente desconocida mirándome. Más mierda en mi vida. No se podía decir que era una chica fea, era una típica chica con cabello azabache como la noche sin estrellas, ojos azul zafiro y la piel cremosa y blanca como la nieve. De acuerdo, tal vez no era la típica chica, pero si en Rumania, lugar de mi nacimiento. Pero si, era bien linda pero bastante cerrada. Mi pasado no era algo que me enorgulleciera, por eso lo mantenía en secreto.
¡Mierda! Llegaba tarde. Peor todavía, ya ero lo suficientemente malo cuando se me quedaban mirando con la boca abierta. Un poco más y babeaban. ¡Qué asco! Llevaba un conjunto de jeans azul y camiseta negra para lograr pasar desapercibida. No era mi forma de vestir, eso te lo diría mi armario pero era, nada más, para causar una buena primera impresión. Llegué a la puerta y me detuve. Respiré, una, dos veces y entré.
Luego…nada. Bien, por lo menos esta vez no gritaron.
Los ojos abiertos como platos, sus bocas parecían O gigantes, donde yo podía meter mi puño. Paso, paso, retumbaban en el suelo. Miré al profesor. Igual de quieto que los demás. Qué silencio.Un escalofrío me recorrió la espalda. Miré al frente y mi mirada se entrecruzó con la de él. No, no, ¿Por qué? ¿Por qué estaba él en un lugar como este?
- Caballero - murmuré, mi voz entrecortada por la emoción de la desdicha. Me miró. Me estaba sonriendo. Se burlaba de mí, de Anarquía. Iba a pagar por ello.
- Responde a mi saludo – le dije con voz fuerte. Todos seguían en el estupor de haber visto mi rostro. Algunos parpadeaban como queriendo salir del trance.
- ¿Anarquía de Blotter? - me respondió y frunció el ceño. Bien, sonreí, esa era la respuesta adecuada.
- Bien – contesté en voz alta, mas para mí que para alguien más. Comencemos -Hola a todos.- dije – Profesor, si se me permite voy a comenzar – que fea voz, odiaba usarla pero era indispensable, pues sería inapropiado usar la mía verdadera. Si lo hacía, algo malo ocurriría.
- Mi nombre es Amelia de Blotter, tengo 17 años y vengo de Rumania- algunos ya comenzaban a actuar normalmente y se sonrojaban.
-“Qué hermosa que es”- pensaban -“la chica perfecta para mi”- típico pensamiento de hombre, sin embargo las chicas…Ya había ganado diez enemigas. Todas y cada una de ellas me odiaban sin excepción.
Que deprimente, típico pero deprimente. Sólo había una que no lo hacía, o eso parecía pero ni siquiera me miraba. Que más daba. El profesor decidió reaccionar en ese momento y me dijo balbuceando:
- H-Hola, bienvenida- “qué pequeña que es” pensó – Es una placer tenerte con nosotros- y me sonrió. Oh, maravilloso ya teníamos a alguien más en la lista de hechizados.
-Mmm… ¿En dónde estaba? Ah si, en la presentación…- Como no dije nada y se formó un silencio forzado esperando mi respuesta y yo sin darla, me pidió que me fuera a sentar. Busqué el asiento con la mirada. “Perfecto” pensé. En la esquina más alejada, pegada a la ventana había un pequeño banco blanco. Me dirigí a mi asiento pero…. me detuve. Sonreí.
-Caballero, mi silla – Él, se levantó de su asiento todavía con el seño fruncido y me retiró la silla. Me senté y con un asentimiento de cabeza le indiqué que volviera a su lugar.
Todos se quedaron pasmados mirándome como si fuese un extraterrestre y a él con ojos llenos de furia. Para aclarar las cosas les dije encogiéndome de hombros:
-Personal….-
De acuerdo, tal vez no aclaré mucho pero no iba a explicar mi situación a menos que sea necesario.
A partir de ello todo siguió normal, otro efecto causado por no ver mi rostro. La clase que daba el profesor (¿Cuál era su nombre?…A, si William, ¿ése era?) era historia, simple, básico. Técnicamente me la pasé mirando por la ventana así que no escuché mucho de lo que decía. Nada importante en sí veía. Las horas pasaron. Un logro por así decirlo.
Luego de la cuarta hora me aburrí, así que decidí tomarme un receso. Agarré mis cosas, pasé por la puerta y me detuve. Su presencia estaba allí, a tres pasos de mí. Me giré y lo miré. Era alto (1,80m) rubio como el sol y profundo ojos negros como abismos. Todo en su cuerpo irradiaba guerra y peligro. Vistiendo unos jeans holgados y una musculosa gris ceñida a los músculos de su cuerpo.
-Mi caballero a salido de la jaula – le dije riéndome de él – que cuerpo raro y apetecible que has decidido colocarte. Me agrada, tienes mi consentimiento -
- Amelia, le agradecería si no me llama caballero en su estadía en este colegio – me dijo apretando los dientes ante la necesidad de tocarme. Levantó la mano intentándolo pero la colocó inmediatamente al lado de su cuerpo – En este sitio nadie me conoce por ese nombre, todos me llaman Marco –
- Mmm...claro que nadie te conoce, – le contesté con una sonrisa – todas tus hazañas y matanzas que has realizado no son conocidas en este lugar…. De acuerdo – cambiando mi tono de voz imponiendo mi voluntad, continué – pero tú me llamarás Anarquía y me tratarás como se debe hacer y como lo hacías, pues así lo deseo –
- Pues si ese es su deseo, así será – me contestó. Y así sería, yo no dejaría que él lo olvidara. Esa frase dio paso a un recuerdo. Oh no, por favor.
Lucas mi antiguo guardián y novio asesinado por su deseo. Su cuerpo desmembranado, la sangre corriendo, todo rojo, muerte…Me di la vuelta y corrí, evitando el recuerdo y dejando a un Marco con ojos entrecerrados mirándome, sospechando. Dioses, por favor que no se de cuenta. No esperé a escuchar frase alguna de él. Desaparecí, terminé en mi casa, ya sin ganas, ni fuerza para seguir. Y simplemente… grité. Un grito escalofriante, era un grito que ni siquiera yo conocía y sospechaba que era un de venganza, rencor, ira y guerra. Mi grito perforó las paredes, llegó hasta el mismísimo centro de la tierra y volvió. Luego desapareció. Después de eso caí desfallecida en el suelo.
Hola a todos.. esta es una nueva historia en la que estoy trabajando (tambien romantica, no tengo arreglo) y me gustaria sus opiniones. Se que ahora no tiene mucho sentido pero a medida que se desarrolla lo van a comenzar a entender y la van a amar tanto como yo.
saludos a todos