domingo, 6 de noviembre de 2011

Anastasia

Anastasia es mi nombre. O, por lo menos lo era cuando estaba viva. Mi padre, proveniente de la dinastía Romanov, siempre buscaba mi seguridad. Me sobreprotegía, como a toda princesa, buscando que nunca llegue a ver la maldad del mundo. Me preparó para ser su heredera, su futura líder. Me preparó para afrontar la maldad del mundo, sin darme cuanta, de que dicha maldad eramos lo Romanov.
Crecí para ser reina; estudié, practiqué, dormí, viví para ello. Para ser la siguiente heredera de ese legado de maldad.
Seguía alejada del mundo y este alejado de mí. Era lo mas seguro. Yo no lo sabía. No lo quería lo suficiente, hasta que me di cuenta de la destrucción que podía causar.
Cuando llego ese día, todo se cubrió de rojo. La respiración agitada salía de mi boca, rasgándome la garganta. Yo corría, buscando algo. Se escuchaban gritos a la distancia, dolor. Sonidos desgarradores salían de la mismísima casa, como si llorara la muerte de sus hospedantes. Buscaba a mis padres. Las puertas se abrían tras mis débiles empujones de manos de 17 años de edad. Y cada habitación era lo mismo; rojo salpicaban las paredes, las sabanas, ventanas, los tapices y las alfombras. Los rugidos de los fusiles se escuchaban a la distancia y los llantos de mi hermano Alexis aun retumban en mis oídos. Mi querido Alexis no pudo sobrevivir esa noche. Los monstruos de la oscuridad que acechaban la casa Romanov le habían hecho daño, de la misma forma que me dañaron a mi.
Al final lograron encontrarme escondida en el enorme placar de roble de la habitación de mis padres. Intentaba contener los sollozos con mis manos pero de todas formas me escucharon. Me llevaron al salón, donde se encontraban todos los Romanov, o lo que quedaba de ellos. La sangre manchó mi vestido; sangre que escurría de los cuerpos de mis seres queridos. Los ojos de Alexis se fijaron en mí, a la distancia, sin mirar. Luego, apuntaron sus armas hacia mi cuerpo y yo morí……. O eso pensaron