martes, 20 de diciembre de 2011

Tentacion

La chica ruda, la indomable, la prohibida. Todo eso era. La mala del barrio, pero la santa en el colegio. La que engatusa a la gente, pero tenia pudor con los chicos. La salvaje que nunca nadie olvidaría pero que tampoco recordaban. Todo eso y más era yo. Mi doble personalidad se hacia cada vez mas visible para la gente que me rodeaba. La que se vestía de cuero y encaje. La que volvía loco a cualquiera con una mirada a su cuerpo. La que cuerneaba y hacia a los demás olvidarse de todos de sus amores. La intocable. Jamás bajo las órdenes de nadie.

Entonces, ¿Cómo había pasado esto? ¿Porque me había despertado con un dolor de cabeza monumental y acostada en una cama desconocida?. Aunque en cierta forma no lo era. Desperté en la cama de él. El muy bastardo me había emborrachado y aprovechado cuando no podía defenderse. La prohibida había sido manchada. Había olvidado su descendencia y su salvajería. ¿Cómo había pasado? ¿Desde cuándo alguien se había atrevido a tocarme sin su permiso? Todos sabían que el último que lo había hecho, había terminado en una caja de cartón, sin sus pelotas; las cuales estaban decorando mi habitación. Pero había sido él; mi mejor amigo. Al que había cuidado cuando nadie lo quería. Al que había dado hogar y trabajo cuando nadie más se preocupó por él. Me había traicionado; a la única que no lo pateó cuando estaba en el suelo, tendido.
Y el se había aprovechado de ella. Había estado hablándole de los chicos con los que había salido y todas las ventajes que poseían. Su furia había empezado a salir a flote. Se había levantado, he ido a por una cerveza a la cocina, mientras que yo, le seguía hablando. Cuando volvió me había bebido toda la lata, sin sospechar; como siempre hacia. Mi vista había empezado a nublarse, notaba la cabeza pesada y la ropa demasiado liviana para ser cuero. Aunque llevaba una hermosa camiseta púrpura de encaje; como dije, mi adicción. El resto ya no estaba en mi mente. Todo después de eso había desaparecido.

La puerta se abrió, soltando un leve chirrido a su paso. Una mirada precavida apareció en su rostro antes de entrar. Mal hecho; mi mano en forma de puño se proyectó hacia su mandíbula. Pero nunca chocó. Me había detenido, agarrándome de la muñeca y me impulsó contra la cama nuevamente. Mierda, su fuerza había aumentado.

-Suéltame, estúpido- le espete. Su mirada seguía siendo precavida, sin embargo su cuerpo seguía avanzando hacia mi posición.

-¿Por qué?, te conozco. Tu faceta de salvaje no me convence. ¿Cómo puedes ir por ahí, hablando de esos pequeños bebés con los que salía y esperar a quedarme tranquilo? Verte salir con esos pendejos me sacó de quicio. Ya no mas; ahora eres mía- me dijo posesionándome bajo su cuerpo.

Y la realidad del hecho me golpeó. Era cierto me había reclamado como suya. Me había amarrado a esa estúpida relación. Ya no había vuelta atrás. No había cambios ni elecciones. La salvaje al fin haba sido domada.

“Oh mierda, que jodido lío”