jueves, 15 de diciembre de 2011

La chica sin rostro

Eran la dos de la madrugada cuando me di cuenta de que algo no andaba bien.
Era uno de esos días en el que me proponía leer solamente un capitulo mas de mi novela, pero como siempre, terminaba leyendo ocho.
Sin embargo, cuando el reloj del living gritó las dos de la madrugada, tenía la sensación de que las cosas estaban fuera de lugar.
Pequeños ruidos se escuchaban por toda la casa, aunque no me malentiendan, esos ruidos son muy comunes. Lo raro de ellos es que no eran ruidos normales, como el chirrido de una rama contra la ventana, o de algún grillo solitario que todavía no había encontrado su descanso.
Estos ruidos eran oscuros, como pequeñas risas, y gimoteos al mismo tiempo, provenientes del mas oscuro agujero del infierno. Eran ruidos que te ponen la piel de gallina y te hacen desear nunca haberte quedado hasta tarde.
Miré hacia la puerta, dispuesta a esperar lo mejor e intentar sacarme de la mente esos estúpidos pensamientos.
Pero los risas-llantos nunca terminaron, solo iban en aumento. Asustada mire hacia donde mi hermana dormía, a unos centímetros míos.
Y de repente sentí que algo faltaba. Al mirar alrededor, y escuchar atentamente me di cuenta que estaba todo silencioso. Los ruidos habían desaparecido… no esperen, me equivocaba.
En vez de ruidos escuché sonidos de viscoso deslizamiento. Un movimiento, y luego nada. De vuelta otro movimiento. Era el sonido mas espeluznante que jamás haya escuchado. Demasiado aterrador para ser real. Los pasos no se detenían, al contrario, se escuchaban subiendo, hacia mi habitación.
Me dio miedo acercarme a la escalera. No quería encontrarme con nada, y me decía a mi misma que mi mente me estaba jugando una mala pasada.
Con un leve susurro llame a mi hermana, pero no me contestaba. Dormía tan profundo que a veces ni siquiera la podía despertar cuando se tenia que levantar.
Los pasos se acercaban y con eso una chirriante sonido de dientes masticando, como si estuviera desgarrando. Realmente me asusté. Si esto era una pesadilla quería despertar. Ya no era solo un pequeño miedo, era el mayor terror que jamás hube sentido.
Me tapé con la sabana hasta la cabeza, pretendiendo estar dormida. Los sonidos se hicieron cada ves mas, y mas cercanos. Quería mirar pero a la vez me aterraba el resultado. No podía quedarme quieta, las manos me temblaban al igual que las rodillas.
Algo se subió a mi cama; comenzó trepándose desde el suelo, agarrando con fuerza los bordes de la misma para poder subirse y deslizarse por en sima mío.
Un grito sofocado salio de mi garganta. La cosa que estaba en mi cama se estaba acercando y solo tenia la certeza de que no iba a salir de ésta.
Sentí manos en mis pies, si es así como las podía llamar. Solo puedo decir que en vez de manos, dos masas pulposas y esqueléticas me rodearon y tiraron de mi.
Y ahí si que grité. Fue el gritó mas agónico que salio de mi, y me seguía preguntando una y otra vez porque nadie me escuchaba y venia en mi rescate.
Comencé a removerme, agitada, pateando y arañando a esa cosa. No valió la pena. Me asió con tanta fuerza que escuché mis huesos crujir y romperse bajo su tacto. Me acuerdo haber visto que me destapaba y haber mirado su cara. Por dios, ¿Por qué tuve que hacer eso? era el dolor personificado. Todas mis pesadillas comprimidas en un solo cuerpo. Ojos desorbitados; negros y blancos, sin pestañas, sin parpados, sangre saliendo de aquellos pequeños orificios que los humanos llamamos nariz, de la boca, oidos. Colmillos, dientes rotos, negros y verdes que exudaban el olor a carne descompuesta por los años y luego.. simplemente desapareció.
Ya no estaba mas, estaba sola tendida en mi cama, cubierta por un charco de sangre. Mi propia sangre. Me desmayé.

A partir de ese día ya no me encuentro más cuerda. Son breves los momentos en donde mi lucidez vuelve, y logro recordar lo que me sucedió.
Me llevaron a un sanatorio. Dijeron que estaba defectuosa y después de ver el daño que me había hecho… bueno, era irresponsable que me dejaran suelta.

Esto lo estoy escribiendo solo cuando puedo pensar. Solo cuando mis recuerdos vuelven y logro ver una y otra ves ese rostro. Todas las noches me atormenta, me persigue queriendo terminar lo que nunca pudo. Ya no estoy segura ni en mi propio cuerpo.
Siempre llegado a la misma parte en donde me destapaba…. y veía su cara. Esa cara que no tenía rostro. Esa cara que terminó siendo mi perdición y mi pesadilla personal.