sábado, 7 de enero de 2012

Karma y puta conciencia

Mañana comenzaba el colegio a las 6:30 am, eran las 3:25 am y todavía no había pegado ojo. Daba vueltas por la cama, con el maldito calor bañando mi cuerpo. Era poco, respecto al infierno en el que me encontraba.
El karma corroía mi mente como una maldita desgraciada, aprovechando cada poco minuto de paz que tenia para molestarme. Mi conciencia le gritaba a mi cerebro todas las maldades que había cometido, que pagara por ello, y mi cerebro pedía a gritos un poco de clemencia y silencio. Por otra parte, mi corazón se encontraba escondido en un hueco profundo esperando que nadie lo notara nunca. Lo que hacia una por despecho. Lo irónico es que después uno se siente peor de lo que se sentía al principio. Miserablemente cierto. Prácticamente era la única que se sentía mal por ello. Él no merecía ser usado de esa forma. Tampoco se merecía la idea de esperanza que le daba. No íbamos a volver, pero algo de él me atraía.

Había decidido no besarlo, solo para hacerle caso a esa vocecita que tenia en mi cabeza. Esa misma vocecita que ahora me reprochaba todo lo que había dicho y hecho. Pero esa voz no había aparecido cuando vi a ella besando a ese otro; ese que había hecho que me olvidara de todo, y todo. En cambio, la voz había cambiado tornándose pesada, vacía y decía “Véngate”.

Y lo hice; por despecho, por enojo, por venganza. Había logrado disimular mi malestar bastante bien, como había aprendido a hacerlo desde pequeña. Pero la repugnancia del acto y el recuerdo, afloraban en mi mente. Al final la voz se apagó. Y terminé hiriendo de nuevo a la persona que mas añoraba en mi vida.
Ahora mi conciencia quemaba. El karma de seguro devolvería la jugada. Ya lo veía, allí a la vuelta de la esquina, entre las sombras, esperando a que me descuidara para atacarme. Y mi alma ardería en el mas miserable y tormentoso infierno.